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Lula frena las críticas a las bases en Colombia

La cumbre de UNASUR convoca una reunión con Obama para tratar el plan militar

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La tercera cumbre de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) concluyó ayer con claras muestras de ruptura en el continente. De un lado, Venezuela, Ecuador y Bolivia, cuyo firme objetivo es la oposición al imperialismo estadounidense; al extremo contrario, Perú y Colombia, aliados incondicionales de Washington. Entre ambos bloques, las naciones que optaron por la prudencia y bajaron el tono, como Argentina y Brasil. La integración política parece cada vez más lejos.

El gobierno colombiano se mostró aliviado por el hecho de que no se incluyó el espinoso tema de las bases estadounidenses en Colombia en la declaración final. Esto se lo debe, en gran parte, a Brasil.

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quería pasar discretamente por la cumbre. Incluso había decidido abandonar Quito antes de lo previsto, para evitar los encuentros bilaterales con otros presidentes. El objetivo: no comprometer su postura en torno al espinoso asunto de la presencia militar de EEUU en Colombia.

Pero el venezolano Hugo Chávez vino a modificar los planes de Brasilia. Chávez rompió el protocolo al hablar de las bases, que no figuraban en la agenda oficial. La cumbre tomó tal cariz que Lula decidió erguirse como árbitro de la disputa. Y propuso que los estados suramericanos discutan el asunto directamente con el presidente de EEUU, Barack Obama, en el marco de la UNASUR.

Como Ecuador ostenta la presidencia de turno y las relaciones de Quito y Bogotá son delicadas, Cristina Fernández de Kirchner ofreció a Argentina como territorio neutro para la reunión con Obama para discutir la cuestión de las bases militares en Colombia.