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Un Lyon venido a menos

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El Lyon que recibe mañana al Real Madrid tiene poco que ver con el equipo que en 2005 y 2006 humilló al conjunto blanco en cuatro partidos en los que demostró que se aproximaba a la elite europea.

Ya no domina su liga, no gana por sistema, no viaja a Europa como un grande, no da miedo y apenas vive de su crédito del pasado, muy erosionado por la constante salida de futbolistas de la talla de Essien, Malouda, Diarra, Juninho Pernambucano o Karim Benzema.

Lejos queda aquel equipo compacto e incisivo que en 2005 sacó las vergüenzas del Madrid del brasileño Vanderlei Luxemburgo y, al año siguiente, mostró las limitaciones del equipo que había formado el italiano Fabio Capello.

En los cuatro partidos disputados en la primera fase de la Liga de Campeones de esos dos años, los franceses vencieron a los merengues en los dos duelos en Gerland y arrancaron dos empates en el Santiago Bernabéu.

Pero de aquel equipo no quedan casi ni hombres ni mucho menos el estilo, que se ha ido diluyendo poco a poco a cambio de una formación mucho menos temible.

El Lyon ya no es la máquina de ganar que sumó siete ligas consecutivas en Francia, que se proclamó campeón de su grupo de la Liga de Campeones en varios años consecutivos y que dejó el techo del equipo en esa competición en los cuartos de final.

Los franceses acostumbraban esos años a codearse con los mejores, fruto de potentes inicios de temporada, de los que fue una víctima propiciatoria un Real Madrid carente de identidad en dos ocasiones.

De la mano de Gerard Houllier, el Lyon recibió al Madrid una noche de septiembre de 2005. Dirigido por un certero Juninho Pernambucano, el conjunto francés logró un golpe de efecto al derrotar a los de Luxemburgo por un contundente 3-0.

El brasileño dio el primer tanto a Carew y marcó de falta directa el segundo. Aquel gol abrió una brecha de duda en Iker Casillas. Wiltord remachó un resultado que provocó el primer gran cataclismo de la era Luxemburgo.

Dos meses más tarde se volvieron a ver las caras en el Bernabéu. Con los dos equipos ya clasificados para octavos, se jugaban la primera fase. A los franceses les valía el empate y Houllier puso un dispositivo defensivo que le bastó para desarticular a un Madrid que venía con el orgullo herido, por la derrota en Gerland y porque unos días antes había caído contra el Barcelona de Frank Rijkaard.

Aunque Guti adelantó al Madrid, el noruego John Carew logró el empate. El Lyon perdonó y mereció mejor suerte, algo que interpretó la grada madridista, que despidió al entrenador brasileño con una sonora pitada.

De aquel primer rifirrafe entre lioneses y madridistas sólo siguen en el equipo francés Cris, Revillere y Govou. Y ni rastro de la identidad del equipo.

Un año justo después del primer Lyon-Madrid se repitió cartel en la misma fase de idéntica competición. Y los franceses volvieron a dar un baño a los merengues.

Houllier supo ver las costuras del equipo que comenzaba a confeccionar Capello y acabó humillándolo con un 2-0 que supo a poco a un público francés encantado de ver a los suyos desgarrar a toda una institución del fútbol mundial.

La conexión luso-brasileña del Lyon funcionó a la perfección. Fred abrió el marcador a pase de Juninho y Tiago remachó en una brillante acción.

Al Madrid le salieron los colores y un mes más tarde recibió al equipo para jugarse, de nuevo, la primera plaza del grupo.

Y una vez más la historia, testaruda, se repitió. Los franceses buscaban un empate y a punto estuvieron de dar una sonada campanada. Un soberbio Carew desmontó al Madrid, lo deconstruyó, lo dejó contra las cuerdas con un 0-2 que sólo maquillaron a golpes de genio Mahamadou Diarra -un ex del Lyon- y Van Nistelrooy -en el minuto 83-.

El Lyon estaba en su apogeo. Se puede decir que aquel día, aclamado por la prensa mundial por su gesta en el Bernabéu, tocó techo. Desde entonces no ha parado su caída. Un nuevo duelo con el Madrid es una buena forma de reinvertir la tendencia.