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Macapagal ordena intensificar la ofensiva contra Abu Sayyaf en el sur

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La presidenta filipina, Gloria Macapagal Arroyo, ordenó hoy al Ejército intensificar la ofensiva en el sur contra el grupo radical islámico Abu Sayyaf, después de los combates en los que hace tres días murieron 31 guerrilleros y 23 soldados.

Arroyo dio instrucciones a los altos mandos para que "pongan fin a la guerra y aniquilen a los terroristas", según el ministro de Defensa, Gilberto Teodoro.

La operación abierta para acorralar a los rebeldes continúa abierta tras la incursión del miércoles en dos campamentos de adiestramiento de Abu Sayyaf en la isla de Basilan, 980 kilómetros al sur de la capital.

Fue el episodio más violento entre ambos bandos desde julio de 2007, cuando los rebeldes tendieron una emboscada a una patrulla y luego decapitaron a diez miembros de las fuerzas de elite del Ejército, un suceso que provocó un enorme escándalo en Filipinas.

En estos momentos, los soldados persiguen por la espesa jungla de Basilan a los cerca de 200 rebeldes que escaparon del asedio.

Más de 1.300 familias han abandonado sus hogares por temor a más refriegas o por orden directa de los comandantes de Abu Sayyaf, que dispone en esta isla y la vecina Joló de apenas 500 combatientes regulares.

La intensa actividad de la organización extremista durante los últimos meses pone en duda la tesis defendida por algunos generales filipinos de que el grupo está descabezado y ya casi derrotado.

Otros altos mandos admiten que Abu Sayyaf sigue siendo una gran amenaza en el sur del archipiélago pese a que las fuerzas de seguridad han debilitado su capacidad operativa y logística y cortado muchas de sus vías de financiación desde el extranjero.

Fundado en 1991 por ex combatientes de la guerra de Afganistán contra la Unión Soviética, la guerrilla quiere establecer un nuevo régimen islámico en el sur de Filipinas, dominado por sultanatos musulmanes malayos hasta la llegada de los colonizadores españoles.

Abu Sayyaf tiene lazos con la Yemaa Islamiya, el brazo de Al Qaeda en el sudeste asiático, y es considerado un grupo terrorista por Manila y Washington, que le atribuyen varios de los ataques más sangrientos de la última década y un sinfín de secuestros de locales y extranjeros.