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Madoff, un fraude casi a la vista que nadie detectó

Bancos, auditores y firmas de rating no hicieron su trabajo

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El sistema económico mundial, los hombres del traje gris que diseñaron los controles y los caminos del dinero, los auditores, gestores, bancos de inversión, custodios de valores y agencias de calificación, encogieron como niños ante Bernard L. Madoff. El prestigio del inversor, alega la mayoría de los gestores y abogados consultados, y su pertenencia al poderoso lobby judío de Nueva York, comenta también alguno bajo el compromiso del anonimato, echaron las cortinas a un fraude que puede haberse llevado por delante 65.000 millones de dólares.

Nadie comprobaba nada. Intentarlo se consideraba poco menos que un insulto. Madoff vendía el privilegio de invertir en su fórmula secreta, capaz de burlar la volatilidad de los mercados durante décadas. Cuestionarle, pedir explicaciones, podía significar no volver a ser admitido en la familia.

El sector financiero asegura que nunca se comprobó que Madoff no invertía

Pero, ¿es Bernie el único responsable? Él va a pagar la traición al sistema muriendo entre rejas, pero el sistema mantuvo la máquina en marcha, sonando, como si dentro hubiera algo. Y no había nada. No se invirtió en nada desde principios de los 90 y, aunque el auditor de Madoff, ese despacho de 40 metros cuadrados y tres trabajadores, parecía no tener la capacidad suficiente para supervisar los cerca de 170.000 millones de dólares que se calcula se manejaron, se confió en él.

Firmas como PricewaterhouseCoopers, que auditaban algunos de los grandes fondos que invirtieron en la estafa, como son los de Optimal, filial del Santander, no detectaron lo que ocurría. Las agencias de rating, dedicadas precisamente a medir el riesgo de que una entidad no pague, daban a Madoff la mejor nota: triple A. ¿Qué activos miraron para asegurar con esa rotundidad que los compromisos de Madoff estaban respaldados?

La cadena responsable

Harry Markopolos avisó durante seis años a la SEC de lo que ocurría

A por aquellos que no vieron o no quisieron ver lo que ocurría se dirige la demanda interpuesta en EEUU por 40 despachos de abogados de 23 países liderados por el bufete Cremades & Calvo Sotelo.

Los productos Madoff fueron comercializados en su mayoría por entidades financieras. El Santander fue la que más dinero captó (más de 2.300 millones de euros), pero Credit Suisse, UBS, Julius Baer, Banco Espirito Santo y Barclays, entre otros, sirvieron de puerta de entrada a la estafa. Estas entidades cobraban comisiones por vigilar al llamado broker-dealer, es decir, a Madoff, pero no lo vigilaban, explican en Cremades.

Tampoco hicieron su trabajo los bancos depositarios. UBS y HSBC intentaron cubrirse las espaldas incluyendo en sus contratos una cláusula que les liberaba de responsabilidad sobre los títulos, una cautela que ahora está en entredicho que sea legal. 'Las due diligence (evaluación de los activos) de las que hablaban los folletos de los fondos no se realizaban', reconocen en el mundo financiero. 'Que te dejasen entrar ya era un éxito'.

Es curioso que el prestigio que para estos gestores suponía estar en Madoff no se considerase un buen motivo para informar a los partícipes de los fondos de que su dinero iba a parar a la sociedad del ex presidente del Nasdaq. Según la demanda de Cremades, el fondo más afectado de Optimal hablaba de la contratación de un 'broker-dealer' sin especificar que era Madoff. Cuando Madoff fue investigado por la SEC en 2006, el regulador obligó a la gestora Fairfield a indicar a sus clientes que se estaba invirtiendo en sus productos, porque tampoco se hacía.

La SEC abrió una investigación porque alguien sospechaba, pero la cerró sin consecuencias. Fue Harry Markopolos el gestor que avisó durante seis años de que el negocio de Madoff era una gigantesca estafa piramidal, un colosal esquema Ponzi donde no se invertía en nada porque el dinero que llegaba salía para pagar las rentabilidades de clientes más antiguos. Dio igual. Sólo la confesión del propio Madoff permitió destapar la trama.