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Madrid, caricias y golpes

El equipo blanco logra un sudado triunfo en Valencia. Alonso y Benzema lideran un buen primer tiempo madridista. Tras el descanso, los de Mou aguantan la presión localy no se arrugan en un duro choque

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El Madrid de Mourinho está hecho. Ha salido del horno. Tiene que enfriar sus peligrosas lagunas de atención y enfriarse en algunos pasajes de calentamiento global, pero ayer demostró que sabe acariciar y pegar, en el más amplio sentido de ambos vocablos. Ante un rival de cuidado, el Valencia, supo bailar en la primera parte y apretar los dientes en un segundo tiempo bravo y áspero. Superó la prueba del nueve más exigente antes del clásico.

Mourinho, orgulloso y metódico, no olvida. Lleva un año rumiando el humillante 5-0 del Camp Nou y todo lo que vino después. Doce meses pergeñando un equipo rocoso y sutil a la vez. Bosquejando un conjunto que dé cumplida cuenta del máximo rival y, sobre todo, que lo haga con la autoridad que se le exige al Real Madrid. A menos de un mes para el cara a cara liguero con los azulgrana ya lo tiene listo. Le queda pulir un par de detalles previstos y peinar cualquier fleco inesperado.

Embarcado en una carrera contra sí mismo, el entrenador portugués afila cualquier astilla mal colocada. Sufrió hace dos semanas con el gol pícaro encajado ante Osasuna en un rápido saque de falta mal defendido, y ayer supo revertir ese accidente para fabricar el primer tanto propio.

Xabi Alonso, el más listo, no necesita lecciones. Él sólo analiza cada capítulo, toma nota y sabe qué hacer en todo momento. Mientras el partido circuló por un cauce normal, el centrocampista vasco fue el amo y señor. Lo de menos fue su habilidad a la hora de ejecutar rápidamente una falta desde el centro del campo mientras los jugadores del Valencia silbaban. Lo insustancial fue que observara la posición de Benzema para servirle un balón a la espalda de la defensa rival. Lo realmente importante es el orden y concierto que le dio al equipo -con insuficiencia a veces insultante- hasta que el choque se convirtió en una refriega de taberna.

En las peleas barriobajeras nunca sabes quien es el primero que saca la mano a pasear. Lo único claro es que la trifulca es contagiosa. Tras un primer tiempo de dominio madridista, con retazos incluso de cierta brillantez, el Valencia regresó del descanso con el cuchillo entre los dientes. Se dedicó a presionar con criterio un cuarto de hora, pero sin excesivo peligro. Tanto empuje, y dado que el Madrid nunca se arrugó, desembocó en agresividad excesiva por ambas partes.

Murió el fútbol y los minutos pasaron entre patadas, empujones, teatro, protestas, tarjetas e impotencia de un árbitro superado. Mou se descomponía en la banda y su equipo amenazaba con desquiciarse. No lo hizo porque en ocasiones así siempre está Xabi. El Madrid aguantó el tipo, marcó dos goles, encajó otros dos y supo sufrir hasta el final.