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El Madrid ya no tiene hambre

El equipo de Mourinho tampoco es capaz de vencer al colista y completa una primera vuelta deplorable

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En otra época, jugar en El Sadar era como hacer la Selectividad para el Madrid. Era uno de esos partidos que ciertos personajes no olvidarán jamás. Buyo ha podido envejecer, ensanchar de cintura y hasta se ha podido convertir en en el hombre más diplomático del mundo. Pero nunca olvidará aquellas piedras de El Sadar, aquellos gritos de los Indar Gorri ni aquellas bengalas que durante 90 minutos nos trasladaban a las islas británicas, a partidos histéricos, casi ilógicos, en los que no se echaba de menos a nadie. Pero anoche no. Fue un partido con el pasaporte en regla, con poca mala uva, quizá ideal para que lo hubiese jugado Adán. Pero el actual portero titular del Madrid tiene mala suerte hasta en eso. Quizá, porque ante el destino no se puede luchar.

Osasuna tampoco es lo que fue en los tiempos de Pizo Gómez, Bustingorri, Sammy Lee o Michael Robinson. Entonces era como una mujer fatal. La locura era un trofeo y toda esa gente le ponía a uno frente a la pared a balón parado. Frente al Madrid se sentían como millonarios sin dinero. Pero ahora Osasuna ya no gasta pasiones tan enfermizas. Tiene a Kike Sola, tan musculado como Schwarzenegger en sus tiempos jóvenes, y a Nino, que no acostumbra a jugar al azar en el área. Tiene, incluso, a Cejudo, uno de esos futbolistas que impide que los partidos sean aburridos. Pero anoche Osasuna casi siempre fue un rebaño de ovejas en ataque. Armenteros ni centró ni tiró, y eso que la defensa del Madrid, con Albiol, Varanne y el portero suplente se prestaba a un funeral.

El partido, en realidad, lo tuvo todo. No hay nada que reprochar a Kaka, con una participación inolvidable, expulsado en un cuarto de hora, la comedia perfecta. Tuvo el gol anulado a Callejón, que se ofreció sin ningún escrúpulo a hacer de Cristiano. Y no fue problema, porque en el Madrid de Mourinho Callejón se presta a ir a comprar el pan si hace falta. Pero la diferencia se recogió frente a la portería de Andrés Fernández, donde el Madrid tuvo poca energía, un debate que no solucionó nadie. Ni siquiera Coëntrao en el último minuto de la primera parte. Tuvo que decidir sin portero, tras una jugada estupenda entre Modric y Callejón. Cualquier otro se hubiese puesto las botas. Pero en estos tiempos ya casi nunca es noticia que Coentrao se equivoque. Así que el Madrid se expuso en la segunda parte a una derrota que tampoco hubiese sido ninguna catástrofe.

No importó que Osasuna fuese un equipo espeso, en el que la pelota se mueve con retraso. Quizá porque las urgencias no favorecen la inspiración en un equipo, donde ordenan las calles OIier y Lolo, dos futbolistas de un talento justo. Pero la realidad es que a falta de diez minutos Damiá, el lateral, sacó una magnífica volea, una piedra del bolsillo, en la que Mourinho no hubiera podido acusar a Casillas. Pero la pelota salió alta e impidió males mayores en un Madrid, que se pareció en Pamplona a las rebajas de enero. Salió con un equipo extraño, en el que Varanne y Albiol se portaron como hombres. Pero, más allá de eso, volvió a suceder lo de siempre: Modric y Di María se derritieron como la gaseosa. Así que no sobrepasaron la hora en el césped y dieron lugar a Kaka a hacer una más de las suyas. Hay gente incorregible, con memoria de elefante.

El resto pertenece a un partido con poca sangre en el que Özil y Benzema no cambiaron el destino. De hecho, cataron la pelota con demasiado timidez lo que demuestra el estado de un Madrid en el que se habla más del futuro que del presente. La prueba estuvo en la retransmisión de las emisoras de radio durante el partido, en las que ya se planifica el nuevo Madrid y hasta se habla de Andrés Fernández para suceder a Casillas. El debate entre los dos acabó sin vencedor en una noche en la que Mendilibar se mostró como un tipo muy valiente al final. A falta de cinco minutos, sacó a Llorente y Osasuna jugó con dos delanteros, como si nada de lo que hubiese pasado hasta entonces fuese verdad. Pero la ambición no se conforma con tan poco tiempo. La ambición necesita héroes como demostraba aquel Osasuna de Pizo Gómez en los ochenta. La ambiciono salía del vestuario y el Madrid sabía que estos partidos eran lo que no fueron anoche, un verdadero látigo, en el que Cristiano seguramente hubiese sido Hugo Sánchez. El hombre que tantas veces dijo la última palabra en el viejo El Sadar...


 

Osasuna:

Andrés Fernández; Bertrán, Rubén, Arribas, Damiá; Lolo, Oier; Cejudo (Llorentre m. 85), Nino, Armenteros; Kike Sola.


Real Madrid:

Casillas; Arbeloa, Varane, Albiol, Coientreao; Khedura, Xabi Alonso; Di María (Benzema m. 55), Modric (Özil m. 66), Callejón; Higuain (Kaka m. 55).


Goles:


Árbitro:

Clos Gómez. Amonestó a Rubén, Oier, Armenteros, Alonso y Lolo. Expulsó a Kaka por doble amarilla (m. 75)


Estadio:

Reyno de Navarra. 16.300 espectadores, la mejor entrada de la temporada.

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