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"La mafia pretende introducirse en todos los sectores de poder"

El británico Robert Wilson sitúa a la mafia rusa en Sevilla en la novela ‘La ignorancia de la sangre’

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Tras la postal de las sentidas procesiones de Semana Santa y las juergas de los tablaos flamencos, Sevilla esconde una sociedad por la que deambula el crimen, el tráfico de drogas y el racismo. Este es, al menos, el dibujo que el británico Robert Wilson (Stanford, 1957) ha hecho de la capital hispalense en su tetralogía sobre el inspector Javier Falcón que ahora culmina con La ignorancia de la sangre (RBA). En esta última ha incluido, además, a dos de los monstruos de la sociedad occidental: el terrorismo islámico y la mafia rusa.

'La novela trata sobre la apariencia y la realidad, y para ello Sevilla es una localización muy potente', asegura Wilson, que llegó por primera vez a la ciudad en 1984 durante un viaje en bicicleta por toda la península. Pero este thriller también versa sobre la capacidad de amar y las dudas del ser humano. El inspector Falcón se enfrenta a la presión que sufre su amante por parte de una organización criminal y Wilson quería poner al lector en la misma situación para que éste pensara en cuál sería su decisión. 'Desgraciadamente, creo que cada vez somos más egoistas. Sólo pensamos en mantener nuestro trabajo, estamos pendientes de la competencia... Así es el sistema capitalista', afirma.

El protagonismo de los mafiosos y los terroristas se acentuó en la novela tras las pesquisas que el escritor realizó por los alrededores sevillanos y el resto de Andalucía. 'No sé si la mafia rusa habrá llegado a Sevilla, pero lo cierto es que tiene muchísima fuerza en la Costa del Sol, así que me imaginé que también estaría presente en Sevilla. La mafia lo que pretende al final es introducirse en todos los sectores de poder', comenta.

Con respecto a la trama islámica, le llamaron la atención la cantidad de mezquitas que hay en los bloques de pisos de los barrios periféricos y la aparición de una tenebrosa web, mezquitanogracias.com, cuando se decidió construir un templo musulmán en la ciudad. 'Creo que no hay un problema de integración, pero estas cosas nos recuerdan las diferencias entre las personas. En un mundo ideal no pasarían estas cosas, pero me temo que no es posible. Además, Sevilla es también muy conservadora', apunta.

Wilson no escribe de mundos ideales. Sus novelas negras diagnostican lo turbio de la sociedad con ecos del estilo de Raymond Chandler y Dashiell Hammett, sus autores favoritos. De hecho, sus libros ambientados en África -aún no traducidas al castellano- también poseen una mirada dura hacia la sociedad. 'Cuando viajé por este continente me di cuenta de que los años cuarenta de California eran igual que los años noventa en África. Los mismos extremos de pobreza y riqueza, mucha corrupción. Y ahora me parece que vivimos en un mundo con mucha incertidumbre. Yo lo que pretendo mostrar es que lo que vemos no es necesariamente lo que está ocurriendo', sostiene.

Un mundo donde no se sabe qué va a suceder y que además parece incapaz de tomar decisiones acertadas. Para Wilson esto tiene mucho que ver con la deriva moral de la sociedad occidental del último medio siglo. 'Mis padres sufrieron la II Guerra Mundial y tuvieron que tomar decisiones difíciles. Ahora nuestra mayor preocupación es qué comida vamos a comprar en el supermercado', admite. Esto le lleva a analizar las corridas de toros, tan polémicas en España en los últimos meses. 'A mí me gustan, aunque entiendo que haya gente que las vea crueles. Pero es porque se supone que estamos en una sociedad más civilizada', señala con ironía.

Con La ignorancia de la sangre, Wilson cierra su saga sobre el inspector Javier Falcón tras El ciego de Sevilla, Condenados al silencio y Asesinos ocultos. 'El inspector encuentra la pieza que le falta para volver a amar. Entendí que eso era el final, aunque puede que vuelva a él otra vez', confiesa.