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"Las mafias de cayucos son un invento"

José Naranjo. Periodista. Autor del libro 'Los invisibles de Kolda'

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El 23 de abril de 2007, un cayuco camino de España naufragó en el océano Atlántico. Murieron 160 senegaleses. El periodista canario José Naranjo (Telde, 1971) narra en Los invisibles de Kolda (Editorial Península) las vidas de aquellos muertos.

¿Por qué aquella tragedia pasó desapercibida?

El naufragio ocurrió en abril, pero la noticia llegó en octubre. Y coincidió con otra noticia impactante. El pesquero español Tiburón III se encontró con otro naufragio en Cabo Verde y esa historia fue más espectacular. Pudimos escuchar en la radio al capitán llorando y resultó algo más palpable que copó la información.

¿Es entonces cuando decidió irse a Senegal?

Esperamos al verano y nos fuimos para allá, donde tuvimos la inmensa fortuna de encontrar a un joven al que no habían dejado subir al cayuco. Nos contó detalles que hacían de esta embarcación algo simbólico. La mayoría de los ocupantes pertenecía a la misma región, a Kolda. Esta circunstancia no es habitual y le daba un tinte especial.

¿Qué les contó?

No le dejaron subir porque el cayuco iba muy cargado. Al menos había 160 personas, pero podrían ser más. Este chico nos condujo a la familia de Mamadou Balde, que había marcado la fecha del 23 de abril como la de partida. No se encontraron cadáveres.

¿Cómo actuaron las familias cuando los jóvenes decidieron embarcar?

Hay de todo. Muchos lo ocultaron, sobre todo porque en 2006 se produjeron muchas tragedias y la información, más o menos, fluye y conocen el riesgo del naufragio y de que la Policía les detenga. Pero otra mayoría de familias no sólo está de acuerdo sino que les apoya y contribuye.

Dice que el viaje les costó casi 600 euros que obtuvieron de vender vacas.

La población de Kolda es de origen nómada y está asentada allí desde hace una tres generaciones. Por eso mantiene una vinculación especial con el ganado. Para ellos vender una vaca es muy duro porque es su manera de medir la riqueza.

El libro habla de un personaje encargado de hacer el cobro en moto.

Sí, incluso se inició una investigación que no llegó a nada. Estoy convencido de que los propios africanos no ven delito en estos viajes. No lo perciben como algo negativo.

¿No existen entonces las mafias?

Las mafias de los cayucos son un invento de los europeos. Es la búsqueda de un culpable o un chivo expiatorio. Es una imagen totalmente sobredimensionada. Existen los pasadores, los oportunistas de frontera..., pero no la estructura organizada que trafica con personas tal y como nos lo imaginamos. Hay antiguos pescadores que compran una piragua y con cada viaje ganan una gran cantidad de dinero. Pero digamos que es más una autogestión.

El libro habla de la vuelta triunfal de los que han llegado a su destino como reclamo para los jóvenes.

Encontramos en Lleida a Suleiman Balde, que había estado en Kolda dos meses antes de que su primo Omar naufragase. Le intentó convencer de que esperase, pero fue inútil. Omar escuchaba unas palabras, pero la imagen de su primo con ropa nueva le decía otro mensaje. Ese es el verdadero efecto llamada.