Público
Público

"La maison", Sergi López en un filme sobre las raíces y el vacío

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Sergi López vuelve a trabajar con su descubridor, Manuel Poirier en "La maison" una cinta naturalista en la que una casa vacía en venta toma un sentido distinto para cada personaje, y que sirve para que el cineasta galo, que compitió hoy en la sección oficial, hable de raíces, desarraigo y vacío.

Es la novena vez que Sergi y Poirier colaboran y, en este caso, el realizador que lo dio a conocer con "Western, hace ahora diez años, le ha ofrecido el papel más vulnerable de su carrera, el de un hombre que está a punto de divorciarse y que se encuentra como su nuevo apartamento, vacío y con las paredes llenas de recuerdos, dibujos y fotos de sus tres hijos.

La casa a la que hace referencia el título se la encuentran por casualidad él y un amigo en medio del campo. Está a punto de ser subastada, debido a una deuda impagada, y al entrar en ella y toparse con la carta escrita por una niña, querrá conocer la historia que encierra esa veja casa y a sus jóvenes propietarias.

A partir de ese momento, su vida dará un giro -al igual que la del resto de los personajes- y se enamorará de una de las dos chicas, aquella a quien más le cuesta desprenderse de ese último anclaje con su infancia.

"Me gusta lo que me dijo un amigo sobre la película: Todos somos como casas, con un espacio interior que necesita ser llenado. Y en este sentido, la casa del filme tiene sentidos muy diferentes para cada personaje", explica Sergi López.

"Para unos es su pasado, sus raíces; para otros el futuro; y en el caso de mi personaje, significa la búsqueda de un lugar ante el vacío más profundo que siente en su interior", añade el actor catalán.

Poirier ha ido desarrollando su filmografía de una manera vital, trasladando a la pantalla los tiempos de su vida y así, si en "La curva de la felicidad" hablaba de los hombres en la cuarentena que ya han vivido la mitad de su vida. Aquí llegan al momento del divorcio y todo lo que conlleva.

Pero su constante es rodar de una forma naturalista, como el transcurrir de la vida, por eso confiesa a la prensa, tras la proyección, su interés por "investigar las emociones" y "no confundir acción con agitación". La importancia de "la noción de tiempo real" y el tomarse su tiempo "para que las imágenes no sólo se miren, sino que se vean".

La segunda película a concurso, "Buda explotó de vergüenza" tiene un signo marcadamente distinto, casi opuesto. Se sitúa en el otro extremo del mundo, en un Afganistán arrasado por las invasiones, donde sobreviven familias en las cuevas que quedaron cuando los talibanes volaron las gigantescas estatuas de Buda.

La directora iraní Hana Makhmalbaf utiliza el mundo de la infancia para abordar así la sociedad afgana, machacada desde los años ochenta por las invasiones: primero de la Unión Soviética; luego del poder talibán; y más tarde de los Estados Unidos.

Una niña va a la escuela, pero al no ser admitida en la clase de los chicos, en su camino de vuelta es atacada por un grupo de críos que, en un juego cruel imitando a los talibanes, la someten a todo tipo de vejaciones.

Poco tiempo después, esos mismo chiquillos vuelven a perpetrar las mismas tropelías, pero esta vez en nombre de los norteamericanos.

"Quería mostrar el efecto de la guerra sobre los jóvenes. Si viven esa violencia, la copian y creen que es lo correcto", señaló Mkmalbaf a la prensa tras la proyección.