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Malevaje saca un nuevo disco con la "chulería tanguera" de siempre

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Todo empezó por casualidad, tocando durante la Movida madrileña en el bar de un amigo, pero la "chulería tanguera" de Malevaje ya rubrica doce álbumes con este último disco, "No me quieras tanto (quiéreme mejor)", que sale a la venta la próxima semana con once temas inéditos y tres versiones de clásicos.

"Hay que ser un poco chulo, en el tango... y en la vida", afirma Antonio Bartrina, carismática voz de Malevaje, en una entrevista con Efe, pero enseguida matiza: "sin embargo, la chulería es como el orgullo, tiene que estar bien colocada porque si no se convierte en gilipollez".

El madrileño, que lleva más de veinticinco años cantando entre humo a la pasión y al desamor con ese toque nostálgico que da el bandoneón, vuelve tras cuatro años de giras por teatros y bares con un trabajo "cuidadosamente elaborado", que se presentará mundialmente los días 12 y 13 de febrero en el Teatro Gran Vía y en el que, dice, les ha dado tiempo a reflexionar, elaborar y matizar.

"Ya no es como antes, que teníamos que sacar un disco por año. Nos hemos tomado nuestro tiempo y creo que eso se nota para mejor en las letras y en los arreglos", explica el también fotógrafo, antes de subrayar dos importantes colaboraciones, una al violín de Ara Malikian y otra a la percusión a cargo de Celestino Albizu.

En esta segunda fase del grupo, que comenzó con el retorno a la banda pequeña y cercana en la que Ariel Hernández se encarga del mítico bandoneón, Fernándo Gilabert del contrabajo y Sacri Delfino de la guitarra, Malevaje sigue en su línea de sentimiento tanguero clásico y baile sensual, pero con un toque más intimista.

Bartrina ha compuesto algunos temas que tienen, según el vocalista, un especial "huequecito en el corazón", como "Coplera", dedicada a su mujer; "Pibe Osvaldo", dedicada a Osvaldo Larrea, su maestro y amigo fallecido hace dos años, y la canción que da título al disco, que supone toda una declaración de intenciones y "va más allá de la pareja, haciéndose extensible a políticos, Iglesia o bancos".

Bartrina, que comenzó a escuchar desde niño a su venerado Gardel en la casa familiar de Carabanchel Alto, ha sabido como nadie crear un Madrid porteño a orillas del Manzanares, que han visitado desde los ochenta otras almas canallas como Raimundo Amador, Joaquín Sabina, Jorge Pardo, Luis Eduardo Aute o Juan Perro.

En cuanto al futuro del tango, Bartrina se muestra esperanzado desde lo clásico. "Pasará como con el flamenco, se abrirán nuevos campos y mezclas que el tiempo se encargará de decidir si siguen adelante o no, como Gotan Proyect y otros experimentos musicales".