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Manolo Jiménez es el octavo técnico del mandato de Agapito Iglesias

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Manolo Jiménez se convirtió ayer en el octavo técnico del mandato del presidente del Real Zaragoza, Agapito Iglesias, tras la destitución del mexicano Javier Aguirre, que se produjo en la madrugada del pasado viernes.

El preparador andaluz es a quien se ha encomendado el máximo dirigente del club aragonés para salvar al equipo de la complicada situación en la que se encuentra.

Bajo la presidencia de Iglesias han pasado varios técnicos. Es el caso de Víctor Fernández, su primera apuesta cuando se hizo cargo del club maño en 2006 tras hacerse con el paquete mayoritario que tenía el anterior presidente, Alfonso Soláns, y al que despidió cuando cumplía su segunda campaña.

Su sustituto fue un hombre de la casa, el ex jugador Ander Garitano, que estuvo una semana en el cargo y que lo abandonó aduciendo motivos personales.

Su puesto fue ocupado por Javier Irureta, cuya brevedad no llegó a la de su antecesor, pero que apenas dirigió al equipo durante un par de meses (de enero a marzo) y que acabó dimitiendo. Manolo Villanova, otro hombre de la casa, acabó la temporada pero no pudo impedir que un equipo roto descendiera a Segunda División.

Para intentar regresar a la elite en el menor tiempo posible Agapito Iglesias optó por hacerse con los servicios de Marcelino García Toral, que la anterior temporada había sido nombrado mejor entrenador español, y lo convirtió en unos de los técnicos mejor pagados del país, a pesar de encontrarse el equipo en Segunda.

El preparador asturiano logró el objetivo de regresar junto a los mejores en un solo ejercicio, pero ya en Primera sus desencuentros con el presidente y una situación delicada acabaron por costarle el puesto.

Un ex zaragocista de la Recopa, José Aurelio Gay, con una leyenda viva del club maño como Mohamed Alí Amar "Nayim" de segundo entrenador, consiguieron enderezar una nave zozobrante y que el equipo siguiera un año más entre los mejores, pero en la siguiente temporada sus nefastos números al inicio de la campaña terminaron por convertirle en una nueva víctima de un banquillo devorador de entrenadores.

Para intentar repetir lo que Gay había hecho en la temporada precedente llegó el mexicano Javier Aguirre, que obró el milagro con un triunfo épico en el campo del Levante en la última jornada de liga y con el mayor desplazamiento que ha realizado una afición a un campo rival, 11.000 seguidores.

Por desgracia para el conjunto zaragozano la historia se volvía a repetir y en la presente temporada, y con la continuidad ganada por su buen hacer, las cosas se torcieron para Aguirre a poco de iniciada la campaña, hasta el punto de que el equipo es ahora colista, a cinco puntos del descenso y sumando once partidos consecutivos sin ganar (nueve de liga y los dos de Copa del Rey en la que acabó siendo eliminado por el Alcorcón).