Público
Público

Manuela Carrasco asegura que no hace falta ninguna tontería para levantar al público

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

Manuela Carrasco se considera una bailaora "pura", eso sí, decepcionada por el rumbo que ha tomado el flamenco, pues parece que importa más la escenografía y la coreografía que el arte en sí, cuando, en realidad -dice- "no hace falta montar ninguna paranoia ni ninguna tontería para poner a la gente de pie".

"Vivo para el flamenco, pero no voy a ver nada porque no hay nada que me motive. Llevo luchando para mantener el flamenco 30 años. Qué Dios me dé salud y fuerza, porque lo que hay son locuras; a cuál más loco; a ver quién hace más disparates. El flamenco es el arte, una luz y un mantón", explica la artista en una entrevista con Efe, con motivo de su actuación mañana en Madrid.

Nacida en el barrio sevillano de Triana en 1958, la bailaora -que reconoce que su palo favorito es la soleá- lamenta que se estén "buscando maneras modernas que no llevan a ninguna parte".

"Yo valoro todo lo que dé grandeza al flamenco y que evolucione, lo que no me gusta es la revolución. Piensan que nosotros estamos anticuados. Quedamos muy pocos", insiste una mujer que ve el futuro en tres jóvenes artistas: Farruquito, su hermano Farru y Rafael del Carmen. "Ahí está el flamenco ahora", subraya.

Manuela Carrasco obtuvo en 2007 el Premio Nacional de Danza por "su aportación esencial al baile flamenco y por haber hecho desde la profundidad de este arte un lugar de encuentro con otras culturas". Ante esto, recalca: "me fui a la India a buscar las raíces de nuestros antepasados; nuestra música viene de allí", matiza una mujer que se afirma "gitana por los cuatro costados".

De este viaje surgió "Romali", el espectáculo que baila mañana en los Jardines de Sabatini para cerrar el ciclo flamenco que organiza el festival veraniego de los Veranos de la Villa, al aire libre y con el Palacio Real iluminado de fondo.

"Le debo mucho a Madrid -declara-. Cuando me contrataron en el tablao Los Canasteros, yo era la mayor de seis hermanos, la más chica tenía cuatro años. Me los tuve que traer a todos, a mi padre, a mi madre y a los cinco, durante ocho meses. Yo era la que mantenía mi casa", recuerda Carrasco, que se alegra de haberse forjado como artista en los tablaos y que se dedicó al baile a pesar de la oposición de su padre.

Así, se remonta a los primeros años: "¡tenía una lucha tan grande con mi padre!; me tiraba los zapatos y yo tenía que salir a escondidas..."

Manuela Carrasco pondrá el broche de oro a un ciclo por el que han pasado otros artistas flamencos, entre los que, dice, no hay debate ni rivalidad por la procedencia. "El flamenco no tiene fronteras; es que tu madre te pare artista, y ya está".

Después, la bailaora tiene previstas cinco galas en Andalucía y otras once en varios países europeos, dentro de una gira de actuaciones organizada por la Consejería de Cultura de la Junta, de la que dice recibe ayuda para seguir adelante con una compañía, una tarea muy difícil y que comparte con su marido y representante, Joaquín Amador.