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Maradona y la difícil transformación a entrenador

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Por Carlos Castellanos

Llegó al Mundial como el mejor jugador de fútbol de la historia, con permiso de Pelé, pero como entrenador no era más que un novato. Lo único seguro de la presencia de Diego Armando Maradona al frente de la selección argentina era que daría colorido con sus siempre polémicos comentarios y comportamientos. Por lo menos, eso creíamos.

Maradona se hizo cargo de Argentina en octubre de 2008 tras la dimisión de Alfio Basile y una racha de una victoria en 7 partidos en la fase de clasificación. La decisión de recurrir al gran ídolo del fútbol argentino, cuyas únicas experiencias como entrenador habían sido en Mandiyú de Corrientes en 1994 y en Racing Club en 1995, parecía un acto de desesperación.

Los siguientes partidos, su conducción y los resultados obtenidos ponían en entredicho la designación de Maradona al frente de "la albiceleste" (Argentina perdió cuatro de ocho partidos en la fase de clasificación con Maradona en el banquillo).

Las convocatorias, la disposición táctica y la inestabilidad de una selección por la que pasaron más de 100 jugadores en un año y medio, no hacía más que reforzar las dudas en torno a su conducción. Finalmente, Argentina se clasificó para el Mundial en la última jornada y en el último puesto que daba acceso directo a Sudáfrica.

Sin embargo, una vez iniciado el Mundial y después de apenas dos partidos y dos victorias, se observa un sentido táctico en Argentina, una lógica y un atrevimiento ofensivo que no se asociaba hasta este momento con el pensamiento de Maradona. El entrenador parece tener las ideas claras y saber ponerlas en práctica.

Su selección tiene un buen número de nombres fijos y ha pasado de defender con cuatro centrales a hacerlo con Jonás Gutiérrez, volante de banda, en el lateral derecho. Por la parte central del mediocampo están, como siempre, Javier Mascherano y Juan Sebastián Verón, que ofrecen recuperación y distribución. El resto de jugadores son todos delanteros: Lionel Messi por la derecha, Ángel Di María por la izquierda y Gonzalo Higuaín y Carlos Tévez como los hombres más adelantados.

Frente a Corea del Sur, la obligada ausencia de Verón fue cubierta por Maxi Rodríguez, que ocupó el flanco derecho, permitiendo el traslado de Messi al medio, arrancando unos metros por detrás de Higuaín y Tévez.

En esta fase de su carrera como entrenador, Maradona dedica tiempo a estudiar a sus rivales y a preparar los partidos. Sus constantes indicaciones tácticas antes y durante los partidos suponen un cambio en su forma de entender y realizar su labor.

Además, Maradona cuenta con el cariño y el respeto de sus jugadores y es evidente que a pesar de haber asumido su papel actual y de haber aprendido a ejercerlo, todavía se siente futbolista, algo que lo acerca a la plantilla.

Maradona celebra los goles y se abraza con los jugadores como uno más y la sensación de unión y compenetración en la selección argentina es absoluta. Como dice una amiga, "con amor todo es más fácil, por eso Argentina será campeona".

Maradona podrá o no llevar a Argentina al título, pero algo ha logrado. Ha dejado atrás el caos, la incertidumbre y el descrédito de la selección de los últimos años y ha creado un bloque sólido que siente que tiene una cita con el destino. Y ha logrado también lo más difícil: que el resto del mundo lo mire y vea un entrenador.