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Marina le planta cara a Dilma

El auge de la reputada ecologista y ex ministra de Lula podría negar a Rousseff la victoria mañana en la primera vuelta de los comicios presidenciales de Brasil 

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Marina Silva estaba satisfecha, casi exultante, tras el debate electoral de la noche del jueves, el último y el más relevante porque, transmitido por la poderosa TV Globo, llega a 50 millones de brasileños. La candidata del Partido Verde (PV) fue la mejor oradora de los cuatro contendientes, frente a una Dilma Rousseff (Partido de los Trabajadores, PT) a la defensiva, un José Serra (Partido de la Socialdemocracia Brasileña, PSDB) resignado y un Plínio de Arruda Sampaio (Partido Socialismo y Libertad, PSOL) menos incisivo que de costumbre.

Marina se esforzó por dejar bien claras dos ideas: que ella constituye una 'tercera vía' frente al PT y el PSDB y que la suya es la única propuesta que tiene una visión estratégica en lugar de gerencial, que mira 'hacia los desafíos futuros'. Se mostró segura de sí misma cuando habló de la 'ola verde' que dice representar y destacó que el hecho de no contar con espacios propagandísticos gratuitos semejantes a los de PT y PSDB no ha evitado su subida en las encuestas.

La ex militante del PT ha dejado claro que representa una 'tercera vía'

En las dos últimas semanas, los sondeos han pasado de otorgar a Silva entre un 8% y un 10% de la intención de voto a vaticinarle un 14-16%. Su buen desempeño en la campaña, sobre todo en los debates televisados, y su mesura frente a los excesos verbales de los seguidores de sus rivales han motivado esta mejoría.

'La campaña de Marina ha sido la más programática' en unas elecciones en las que 'las tres candidaturas principales han sido construidas por el marketing', explica la politóloga Maria do Socorro Sousa Braga, de la paulista Universidad Federal de São Carlos. 'Ha habido una preocupación por aclarar sus planteamientos, ha intentado diferenciarse y, al mismo tiempo, dejar claro que mantendrá los logros heredados de Lula', añade.

Sin embargo, a lo largo de la campaña, sus planteamientos políticos han sido un tanto vagos. Más allá de abogar por la defensa del medio ambiente, la intolerancia con la corrupción y la igualdad de oportunidades, Marina no ha desgranado los puntos concretos de su programa electoral, si bien es cierto que al menos ha presentado un programa definitivo, algo que no han hecho Dilma y Serra.

Silva creció en una aldea pobre de la selva y aprendió a leer a los 16 años

Sus críticos le recriminan esa ausencia de discurso político, y lo cierto es que el PV se declara al margen del posicionamiento izquierda-derecha, un rasgo que se revela en sus contradictorias alianzas.

Marina tampoco ha tenido mucho éxito en su intento de colocar la defensa de la Amazonia y la polémica reforma del Código Forestal en el centro de una campaña en la que el ruido y la extravagancia han dejado poco lugar al debate de las ideas.

Las críticas más ácidas le han llegado a Marina de Plínio de Arruda Sampaio, que la tilda de 'eco-capitalista'. Para el candidato izquierdista, la sustentabilidad del medio ambiente que pregona Silva requeriría de reformas estructurales que son incompatibles con el sistema económico que ella dice defender. Además, una parte de la izquierda recela de la religiosidad de la ex senadora, madre de cuatro hijos. En efecto, es conocida la fe evangélica de Silva, que, inspirada en la Teología de la Liberación, llegó a plantearse ser monja. Ese rasgo suyo se manifiesta en la estética, en un cabello siempre recogido de forma austera, en contraste con la elegancia de sus trajes.

Avalada por una imagen de honestidad y rígidos principios morales, a sus 52 años Marina Silva se ha ganado el respeto del ecologismo internacional por su férrea defensa de la selva amazónica, forjada junto al mítico activista Chico Mendes en los años 80. Su biografía, como la de Lula, le imprime autoridad moral. Silva nació en una aldea amazónica y pasó su infancia en la miseria, en el seno de una familia dedicada a la recolección de caucho; sólo a los 16 años aprendió a leer y comenzó a implicarse en la política y la defensa de la Amazonia.

En 2003, cuando Lula llegó a la Presidencia, Silva ocupó la cartera de Medio Ambiente. Dimitió cinco años después, por sus desavenencias con el Gobierno y, especialmente, con la entonces jefa de la Casa Civil, Dilma Rousseff, principal defensora dentro del PT del modelo desarrollista, frente aquellos que, como Marina, ponen el énfasis en la sustentabilidad.

En 2009, Marina decidía abandonar el PT tras décadas de militancia. Silva manifestó su desacuerdo con 'una concepción del desarrollo basada en el crecimiento material a cualquier coste'. Poco después, la entonces senadora hacía pública su candidatura por el Partido Verde. Ha contado con el apoyo de celebridades como Caetano Veloso y Gilberto Gil, quien fuera ministro de Cultura en el primer gobierno Lula.

No parece que el Partido Verde vaya a alcanzar logros significativos en el Congreso y es poco probable que Marina consiga llegar a la segunda vuelta, pero podría tener un papel en la red de alianzas que necesitará Rousseff para gobernar.