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Marruecos se mira al espejo en el décimo aniversario de la coronación de Mohamed VI

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Marruecos recuerda hoy de forma discreta la muerte hace diez años del rey Hasán II, una figura clave para un país que ahora prefiere dedicar su atención a la labor realizada por su sucesor, Mohamed VI, durante esta década.

Grandes banderas marroquíes pueblan las calles de Rabat en preparación de la gran Fiesta del Trono, el próximo 30 de julio, que es cuando el propio Mohamed VI decidió conmemorar su ascensión a la Corona.

Sin embargo, fue un día como hoy, hace diez años, cuando Hasán II murió y su hijo Sidi Mohamed tomó su relevo.

Mientras medios como la revista "Tel Quel" elaboran desde hace semanas análisis sobre el papel de Mohamed VI, la atención mediática sobre la muerte y el legado del reinado de Hasán II (1956-1999) ha quedado relegada a alguna portada polémica, como el semanario "Meshal", que hoy evoca "Las locas noches de Hasán II".

El "majzen" (el poderoso entorno de la Casa Real) considera este aniversario como uno más, y por ello no hay previstas celebraciones más allá de las habituales cada año por estas fechas.

Sin embargo, para los medios y gran parte de la sociedad, éste es el momento de hacer balance sobre este período, más aún conforme se acerca el próximo jueves, considerado el punto de partida del reinado de Mohamed VI.

La pregunta que planea sobre todas estas reflexiones es casi siempre la misma: ¿Qué ha cambiado en Marruecos en los últimos diez años?

Las transformaciones palpables saltan a la vista, como asegura una fuente diplomática occidental, para "cualquier viajero que haya llegado del extranjero por el puerto de Tánger o el aeropuerto de Casablanca, que se encontrará con cientos de kilómetros de autopista y un recibimiento muy mejorado".

El desarrollo de las infraestructuras es, sin duda, uno de los rostros visibles de los cambios experimentados en el reino magrebí, como reconoce Larbi Benothmane, catedrático de Derecho en la Universidad Mohamed V de Rabat.

Sin embargo, "el país aún necesita una verdadera reforma de fondo, que afecte también a la Constitución, y que instaure una verdadera democracia", señala este profesor, crítico con la línea del Palacio Real.

Una coincidencia básica entre los análisis independientes que proliferan estos días es la conclusión de que el pulso reformista mostrado por el rey en sus primeros años ha perdido fuerza con el tiempo, lo que ha sembrado dudas sobre el ritmo de la modernización.

Para Benothmane, "se han buscado diferentes fórmulas para denominar a esta dualidad. Primero se hablaba de cambio dentro de la modernidad, luego de tradición y reformismo, pero al final se trata sólo de continuidad, continuidad y continuidad".

Desde las líneas de un tribuna en el diario independiente "Le Soir", el sociólogo Reda Benkirane lanzaba hoy una nueva pirueta lingüística para definir el reinado de Mohamed VI: "Una monarquía modernizadora y conservadora".

Mohamed VI marcó rápidamente distancias con su padre en algunos aspectos como la pobreza, al reconocer que ésta existía en el país, la mujer, con la reforma en 2004 de una ley de la familia (o "mudawana") revolucionaria en el mundo árabe, o los derechos humanos, con la Instancia Equidad y Reconciliación, dedicada a revisar las desapariciones durante el reinado de Hasán II.

Sin embargo, con una clase política esclerotizada y perennemente envuelta en sus querellas internas (muchas veces relacionadas con el reparto de poder), muchos temen que la vía a la modernización se estanque.

"Para Mohamed VI, el poder es más un deber que una pasión", reflexiona el politólogo Mohamed Tozi, para quien "va contra natura pedirle al rey que empuje a la modernización del país, sino que la clase política tendría que conseguir que él fuese quien acompañara las reformas".

Según este profesor en la Universidad Hasán II de Casablanca, en Marruecos "hay una configuración del poder en la que la asunción de riesgos es complicada".

"Mohamed VI ha tomado decisiones arriesgadas como la reforma del código de la familia, que han podido enfrentarle con los religiosos, por ejemplo, algo que no debería suceder", señala Tozi.

Pese a todo, fue el propio rey quien recordó en un discurso su papel de "monarca ejecutivo", por el que habrá de pasar cualquier cambio.