Publicado: 17.10.2014 07:00 |Actualizado: 17.10.2014 07:00

Mas apuesta por un 9-N que recuerda a la consulta de Arenys

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Después de cambiar la consulta por un proceso de participación ciudadana que ha roto la unión ente el partido en el Govern (CiU) y las demás formaciones pro-consulta (ERC, ICV y CUP), el president de la Generalitat, Artur Mas, ha repetido en todos los foros posibles que lo que pasará el próximo 9-N será lo mismo que estaba previsto aunque ahora se acogerá a "marcos legales preexistentes que nos dan competencia en procesos de participación ciudadana".

El objetivo, ha dicho, sigue siendo conocer la opinión de los catalanes sobre el futuro político de Catalunya. Habrá locales, urnas y papeletas. Y la pregunta será la misma. Pero el censo de votantes se registrará el mismo 9-N y se podrá votar —mostrando el DNI si la dirección que consta es en Catalunya— hasta 15 días después de la consulta. Esta alternativa, descafeinada para algunos y símbolo de derrota para otros, obliga a ehcar la vista atrás y recordar, por su semejanza, a las primeras consultas soberanistas que se celebraron en Catalunya hace cinco años.

La primera fue en Arenys de Munt (Barcelona), de ámbito municipal no vinculante, sin ningún valor judírico y alegal. Se celebró el 13 de septiembre de 2009 y fue impulsada por el Moviment Arenyenc per a l'Autodeterminació (MAPA). El 96% votó "sí" en una consulta en la que participó el 33% de la población y que fue el germen de otras tantas en 554 municipios —incluido Barcelona— que acercaron a las urnas a más de dos millones y medio de catalanes durante dos años. La iniciativa de Arenys fue apoyada por CiU, ERC, ICV, CUP, Catalunya Acció y algunos militantes del PSC.

Además de la pregunta —en Arenys de Munt se preguntó "¿Está de acuerdo en que Catalunya sea un Estado de derecho, independiente, democrático y social integrado en la Unión Europea?"— ¿qué diferencias hay entre esa consulta y lo que presumiblemente sucederá el próximo 9-N? ¿Y entre lo que los partidos pro-consulta habían acordado y lo que Mas ha decidido unilateralmente?

Josep Manel Ximenis, ex alcalde de Arenys de Munt, lo tiene claro: "Nuestra consulta era fiable, la de Mas, no". Uno de los impulsores de la primera consulta soberanista se ha mostrado decepcionado con la decisión del president, al que insta a "cumplir el mandato del pueblo catalán" y volver así a la opción incial pactada con el resto de formaciones pro-consulta. 

Para Eduardo Vírgala, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad del País Vasco, lo que, presumiblemente, sucederá el 9-N en Catalunya es más parecido a una "macro-encuesta" que a una consulta. "La propuesta inicial era una consulta con todas las características de un referéndum porque se convocaba a todo el censo electoral y se le preguntaba por un tema de interés político. Ahora, en cambio, no va haber un censo previo, no se convoca al electorado. Será un acto voluntario y su éxito (político, que no jurídico) dependerá de la capacidad de movilización de la sociedad catalana", explica a Público. Vírgala insiste en que la consulta alternativa del 9 noviembre "nos colocará en un escenario parecido al de las manifestaciones de las últimas Diadas".

Coincide con él el catedrático en Comunicación Política de en la Universidad Autònoma de Barcelona Pere-Oriol Costa, quien considera que aunque ninguna de las dos opciones tenga consecuencias legales, la primera hubiera tenido más impacto en la opinión pública. "La fuerza de la convocatoria dependerá de la posición que adopten la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural [que harán pública este domingo] porque son actores principales del proceso", cuenta a Público. "Si aceptan la opción de Mas y trabajan en esa dirección, la propuesta cogerá vuelo y los resultados serán mayores".

Aun así, Costa advierte de que, desde el punto de vista político, la única manera de que los partidos soberanistas no se distancien de la gente es ofrecer un acuerdo electoral. "Con la perspectiva de una fecha electoral, el problema se minimizaría". 

Tanto Vírgala como Costa insisten en que hay que esperar a que se sepan más detalles de la consulta, dado que ello puede provocar movimientos desde Madrid. Y Costa apunta: "Aunque el Gobierno de Rajoy haya recibido el anuncio de la nueva consulta con cierta sensación de victoria, cuando se acerque la fecha de la consulta, habrá nerviosismo".