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Matalascañas, la playa de la luz

Con casi cinco kilómetros de fina arena junto al Parque Nacional de Doñana, reserva de la Biosfera, Matalascañas proporciona impresionantes atardeceres en la costa onubense occidental.

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El nombre de Costa de la Luz parece haberse hecho a la medida de la playa de Matalascañas. En pocos lugares de la costa onubense hay espacios que hagan tanto honor a esa denominación. Porque los atardeceres de Matalascañas son eso, vibrante luz mientras cae el día. La misma que invade el arenal cuando el sol golpea con fuerza sus casi cinco kilómetros de arena blanca y fina.

Más allá de esos cinco kilómetros, la mirada se dirige hacia el Parque Nacional de Doñana, que rodea a la playa. Se juntan así uno de los espacios naturales más excepcionales de toda Europa con un arenal poliédrico, que junto a su parte más turística tiene otra que se va desertizando progresivamente a medida que se adentra en Doñana. Internarse en el parque está prohibido, pero el viajero tiene la posibilidad de aventurarse por la costa hasta alcanzar, tras una larga caminata, la desembocadura del Guadalquivir.

Los que quieran conocer Matalascañas más en profundidad pueden optar, además de por el recorrido hasta el Guadalquivir, por transitar por el sendero dunar, a través de una pasarela cercana al mar. Toda la costa de Doñana próxima a la playa, al margen de su belleza natural, es destacable por la riqueza biológica que atesora: correlimos, chorlitejos patinegros y diversos tipos de gaviotas, a los que se suma la presencia de ostreros y charranes, son algunas de las especias que la habitan.

El viajero que se acerque hasta Matalascañas no debería irse sin visitar otros lugares próximos de interés. Entre ellos cabe mencionar la aldea de El Rocío, centro de una de las romerías más multitudinarias de Andalucía, y los Lugares Colombinos, espacios vinculados con Cristóbal Colón y su viaje de descubrimiento de América. Entre estos lugares se encuentran el monasterio de La Rábida, la Casa de los Pinzones en Palos de la Frontera o el convento gótico-mudéjar de Santa Clara, en Moguer, localidad natal de Juan Ramón Jiménez.






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