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Mauricio Wiesenthal reconstruye en "Luz de vísperas" la Europa arrasada por los nazis

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El escritor barcelonés Mauricio Wiesenthal, autor de "Libro de Réquiems" y "El esnobismo de las golondrinas", reconstruye en su última novela, "Luz de vísperas", "la Europa de su infancia, la que el nazismo y la II Guerra Mundial arrasó" a través de la vida de un escritor.

En una entrevista concedida a Efe, Wiesenthal señala que en este libro, quizá el más "centroeuropeo" de la literatura española contemporánea, ha reflejado su "condición" como hijo de madre española, pero "con familia paterna que ha vivido en Suiza, Alemania, Praga y Rusia".

A pesar de que, como dice, el azar quiso que en plena Segunda Guerra Mundial, en 1943, naciera en Barcelona, esa realidad centroeuropea no le es demasiado ajena.

"Siento como vivida esa tradición a través de las fiestas, de los nombres de las personas, de las costumbres navideñas, de los pasteles de determinadas fiestas, algo que convive al mismo tiempo con un sentimiento profundamente español hasta el punto de jugar con la lengua castellana recuperando palabras del Siglo de Oro hoy en desuso", anota.

La suerte de no haber vivido el caos de la II Guerra Mundial ha llevado al autor casi a "la obligación de dar voz a esos callados que vieron Europa destruida y que no pudieron reconstruirla".

En "Luz de vísperas" (Edhasa), se dan cita tres de los "maestros reales" de Wiesenthal: Chateaubriand, "escritor de la vieja escuela, muy vivido y que concibe la literatura como arte y no sólo como documento"; Zweig, "de mi generación paterna, que vivió las dos guerras del siglo XX y me legó la Europa que viví"; y Rilke, "del que tomo la coexistencia del mundo visible e invisible".

No oculta Wiesenthal cierto halo de "nostalgia" en las páginas de su novela, nostalgia por esa tradición familiar interrumpida, pero también "por una Europa perdida hoy como una provincia global más, que se desprendió de sus razones y de su fondo cultural".

A pesar de sus 65 años bien llevados y de una barba canosa, aún conserva Wiesenthal unos resistentes mechones pelirrojos sobre su cabeza que le conceden una imagen entre lord inglés y "bon vivant" impenitente, aspecto que ha cultivado en su dilatada vida de viajero fetichista.

Con una mirada atrás contempla que "la Europa de nuestros antepasados se basaba en una idea intelectual, pero luego hemos hecho una Europa puramente económica", una Europa, dice, que se va convirtiendo en "un parque temático".

Confiesa que para la escritura de "Luz de vísperas" necesitó de una "documentación brutal" -"el atrezzo es lo que más me ha costado", asegura-, y en ese marco situó "una historia pasional, romántica y tan emotiva que durante la escritura no paré de hincharme a llorar".

El escritor protagonista, Gustav Mayer, es, según el autor, "un reflejo del intelectual típico de la época (Zweig, Thomas Mann o Rilke), pero "a diferencias de ellos, que durante la I Guerra Mundial no estuvieron en el campo de batalla, yo hago que mi personaje vaya a la guerra y eso cambia toda su vida".

Se trata, añade Wiesenthal, de un "personaje idealista que busca algo en la vida que nunca va a encontrar", un hombre que se hace de la resistencia, en la que conoce a Samuel Beckett.

Apesadumbrado, Wiesenthal se siente tras la publicación de la novela como "vacío", después de "haber sacado todo lo que tenía dentro de mí".