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"Lo que me anima es indagar en los comportamientos humanos"

La fotógrafa Cristina García Rodero habla sobre su reciente incorporación al grupo de socios de la agencia Magnum

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Si no te gusta la aventura, ni conocer el mundo y no quieres compartir con los demás, 'no te metas a reportero'. Lo dice a las claras y sin atisbo de duda, porque puede hacerlo: lleva casi 40 años moviéndose de un lado para otro. Ha fotografiado los ritos de Grecia, Portugal, Italia, Francia, Suiza, Alemania, Polonia, Macedonia, Kosovo, Albania, Rumanía, EEUU, América Latina, África o Asia, pero todavía le queda por entrar a conocer el espíritu ruso, por ejemplo. Sin embargo, Cristina García Rodero (Puertollano, 1949) niega ser periodista. 'La actualidad no es el motivo que me hace actuar. Lo que a mí me da ánimo es indagar en los comportamientos humanos. Yo soy una creadora', explica en su casa de Madrid.

Cristina no para, tiene nuevo destino: el domingo sale para México, donde va a estar trabajando hasta agosto. Acaba de regresar de Londres, donde se celebró la votación anual de los popes de Magnum para decidir cuáles de los cuatro nominados en 2005 entraban a formar parte de la agencia fotográfica más importante. Y ella ha sido la única aceptada en esta cooperativa singular, en la que algo más de 60 socios gestionan sus fotos por las publicaciones, galerías y museos de todo el mundo.

Presentó su proyecto vital para que los demás lo juzgaran en un sanedrín de lo más heterogéneo. Lo llama Entre el cielo y la tierra y recorre la identidad contradictoria que pone en evidencia la convivencia entre lo religioso y lo pagano, lo espiritual y lo carnal, entre 'los que renuncian a los placeres y los que se entregan a ellos. A veces se tocan y coinciden, no creas. Por ejemplo, todos los que se flagelan lo hacen por placer'.

Ese título, Entre el cielo y la tierra, es el resumen de toda una vida trabajando en libertad y la expresión que mejor puede definir su estilo. Con ese estilo ni caprichoso ni aleatorio, ella trabaja entre medias de ambos lugares, porque lo que quiere fotografiar son los momentos importantes de la vida y esos no son los que aparecen cada día en un periódico, sino los que pasan desapercibidos. Puede ser una boda, un perro pasando, unos cuantos labriegos subidos en un banco a la espera, una refugiada en las vías de un tren o puede ser también la boda de Loli en Morcillo, Cáceres, 1991.

'Me considero fotógrafa cuando entro por primera vez en un laboratorio y descubro algo más importante en lo que hasta ese momento sólo había visto un juego. A los 20 años de edad descubro cómo se hace una imagen. Entonces deja de ser un juego, la fotografía pasa a ser una técnica que me sirve para expresarme', recuerda García Rodero, que a los pocos años recibe de la Fundación Juan March una beca para fotografiar las fiestas de España. Era el embrión de España oculta, el gran trabajo que recoge la tradición de la España negra de Darío de Regoyos y Solana, en el que descubre el hueso del país.

Dice con mucha sorna que la revolución digital le ha 'llegado mayor': 'Con las cámaras digitales no ha habido problema, pero la postproducción sí ha sido complicada. He tenido que aprender otra técnica'. Empezó a trabajar en digital cuando necesitó fotografiar de noche y sin flash para el trabajo María Lionza. La diosa de los ojos de agua: 'Yo quiero seguir trabajando y tengo que adaptarme'. Le queda carrete para rato a Cristina.