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"Me indigna tener que recurrir al despido"

Mar García Florez creó con su socio una empresa de jardinería, Jam Jardiners, hace tres años.  Hasta que llegó la crisis. No sólo no han podido ampliar la plantilla, sino que han tenido que despedir a su t

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Mar García Florez creó con su socio una empresa de jardinería, Jam Jardiners, hace tres años. Las cosas iban bien, los clientes estaban contentos con su trabajo, y ante el aumento de encargos Mar y su socio contrataron a un joven. Como las cosas continuaron a mejor, se trasladaron a un local mayor, compraron una segunda furgoneta e incluso se plantearon el fichaje de otro empleado. Hasta que llegó la crisis. No sólo no han podido ampliar la plantilla, sino que han tenido que despedir a su trabajador, al que le tenían especial aprecio.

'Me indigna tener que despedirlo', dice Mar García. Pero la realidad es la que es. La empresa se dedica a crear jardines y, como tarea complementaria, a su mantenimiento. Lo primero ha caído en picado desde hace un mes. Sólo cuentan con la posibilidad de hacer mantenimientos, algo que sólo les sirve a duras penas para cubrir los gastos de la empresa. 'Tenemos 6.500 euros de gastos, tengo que pagar el crédito al que me comprometí al crear la empresa y el de la compra de furgonetas', explica la empresaria. Recortar gastos es la única vía de salida para continuar con la actividad.

Mar García esperaba tener el placer de poder subir el sueldo a su trabajador y, en cambio, lo ha tenido que echar. 'Yo pagaba 1.686 euros por el empleado, pero él sólo cobraba 1.041 debido a todas las retenciones'. La empresaria autónoma considera que contratar es muy caro para una pequeña empresa y reclama mayores facilidades para poder pagar mejor a sus empleados.

'Al principio, nos deberían dejar crecer en vez de ahogarnos', considera. En cambio, todo son palos en las ruedas para las pymes, ya que tienen que hacer frente a todo tipo de pagos imprevistos. Pese a las inversiones realizadas, la empresa se plantea ahora volver a un local más pequeño. Y eso después de que el ayuntamiento les obligó a cambiar una puerta por normas de seguridad que les costó 3.000 euros. 'Y eso que el local tiene hasta cuatro salidas, dos a la calle y dos más al jardín trasero'.