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Medvédev no descarta las sanciones si no avanzan las negociaciones con Teherán

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El presidente ruso, Dmitri Medvédev, no descarta la imposición de sanciones internacionales contra Irán si no avanzan las negociaciones para solucionar la actual crisis nuclear.

"Yo no querría que todo acabara con la imposición de sanciones internacionales, ya que las sanciones por regla general son una vía difícil, un rumbo peligroso. Pero si no hay avances, nadie puede descartar ni esa posibilidad", señala Medvedev en una entrevista con el semanario alemán "Der Spiegel".

El jefe del Kremlin considera que "si los líderes iraníes mantienen una postura menos constructiva, teóricamente todo es posible".

Por otra parte, subrayó que "las ambiciones nucleares iraníes sí pueden realizarse en el marco de un programa pacífico de uso del átomo bajo supervisión del OIEA".

"Nadie se opone a ello. Hay que respetar las reglas que existen y no intentar, al contrario, encubrir unas y otras infraestructuras", dijo.

Medvédev indicó que "si se alcanzara un acuerdo sobre el programa de enriquecimiento de uranio y su uso en territorio iraní con fines pacíficos, Rusia estaría encantada de participar".

Además, insistió en que Rusia únicamente "suministrará armamento de carácter defensivo" y que no tiene intención de vender "armamento ofensivo", a lo que se oponen tanto Israel como Estados Unidos.

El líder ruso hizo estas afirmaciones antes de que Irán anunciara hoy que no cederá su uranio para que sea procesado en el exterior como había propuesto el OIEA, Rusia, Francia y Estados Unidos.

Según esa iniciativa, Rusia sería la encargada de enriquecer el uranio iraní en un 20 por ciento y lo enviaría a Francia, donde sería convertido en barras.

El acuerdo obligaba a Irán a entregar su uranio con una riqueza de 3,5 por ciento a Rusia a cambio de uranio ruso que sería empleado como combustible en el reactor de investigaciones de Teherán, cuya producción se utiliza para fabricar medicinas.

Según los expertos, se calcula que Irán almacena unos 1.500 kilogramos de uranio enriquecido en la planta de Natanz, en el centro del país, de los que debería entregar 1.200 kilogramos.

En principio, para producir una bomba atómica se necesitan alrededor de dos toneladas de ese material enriquecido al 90 por ciento.