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Melilla. Tranquilidad en la ciudad, crisis en la península

Mientras el PP alerta de un grave "conflicto", la ciudad prosigue con su vida normal. Los incidentes de estas dos semanas no son nuevos en el paso de Beni Enzar

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Las terrazas llenas; los melillenses que se desplazaban a las cercanas playas marroquíes; el ambiente estival que ha marcado el ritmo de esta semana en Melilla, todo eso desmentía a voces las advertencias de que en la ciudad se estaba gestando un 'conflicto', como afirmó el vicesecretario de comunicación del PP, Esteban González Pons, en su visita del martes.

Su viaje preparó el terreno para el plato fuerte que debía llegar al día siguiente, cuando el ex presidente José María Aznar viajó a la ciudad sin avisar al Gobierno para resucitar un argumento recurrente de los conservadores: el abandono de Ceuta y Melilla por parte del Gobierno del PSOE.

El hombre que se despojó de su condición de presidente para visitar la ciudad durante la campaña electoral de 2000, aterrizó, visitó los puestos fronterizos -en el de Beni Enzar, según numerosos testigos, ni siquiera se acercó a la verja que custodian los policías nacionales-, se hizo fotos con melillenses que le aplaudían, y después acusó al Ejecutivo de consentir que Melilla viva 'entre el acoso y la dejadez'.

'Si estos hechos hubieran ocurrido en noviembre, no se les hubiera dado la misma relevancia'

Y todo justo cuando los dos activistas de escasa credibilidad que habían promovido el boicot de productos marroquíes a la ciudad acababan de anunciar que lo suspendían hasta el final del mes sagrado musulmán de ramadán. El abortado bloqueo buscaba denunciar supuestos abusos de la policía española.

En realidad, la tensión en Melilla no ha traspasado la rotonda que da acceso al paso fronterizo de Beni Enzar,- el más importante de los cuatro que tiene Melilla-, un lugar que, como recuerda Mustafa Hamed, director del diario Melilla Hoy, es terreno fértil para los problemas. Como otros habitantes de la ciudad, Hamed asegura que Beni Enzar es a menudo escenario de incidentes similares a los protagonizados por las asociaciones marroquíes que, desde el otro lado de la verja, increpaban a los agentes - y sobre todo a las agentes- españoles.

Lo único que para Hamed ha marcado una diferencia en esta ocasión ha sido el apoyo por canales diplomáticos de Marruecos: 'La única novedad han sido las cinco notas oficiales de protesta de Marruecos': Aun así, incluso si se tiene en cuenta esta inusual protesta diplomática, el periodista cree que los sucesos de Melilla han sido exagerados por los medios de comunicación: 'Esto ha sido la clásica serpiente de verano. Si estos hechos hubieran ocurrido en noviembre, no se les hubiera dado la misma relevancia', subraya.

La tensión en Melilla no ha traspasado los límites de la frontera

Sobre la presencia de Aznar en la ciudad, que el Gobierno ha definido como 'desleal y oportunista', el director de Melilla Hoy opina que 'cada partido ha desempeñado su papel', aunque concede que 'el PP ha sacado partido' de la situación. El problema, aclara, radica en que 'la cuestión es que el Gobierno ha estado desaparecido. Aquí se ha echado en falta una reacción más decidida del Ejecutivo'. Los silencios 'clamorosos' de algunos ministros pueden así 'ser interpretados como abandono', explica el periodista.

Melilla es una ciudad mayoritariamente conservadora, cuyo Gobierno está presidido por el conservador Juan José Imbroda. Sus calles, aún manchadas de escudos preconstitucionales y nombres de generales franquistas, dejan entrever en un sector de su población una cierta nostalgia de la dictadura.

s precisamente este sector el más sensible a los argumentos de dejadez del Ejecutivo esgrimidos por el PP. José Palazón, de la Asociación Pro Derechos de la Infancia Prodein, define a este colectivo como 'un bloque nacionalista de bandera y viva España'.

'El Gobierno ha estado desaparecido', dice un periodista local

Tanto Prodein, que trabaja desde hace años en la frontera, como la Asociación Pro Derechos Humanos de Melilla, se han desmarcado de las denuncias de los activistas marroquíes. Entre otras cosas porque, como señala Palazón, tienen claro que estos hablaban con la voz de su amo: Rabat.

Ello no es óbice para que algunos casos de abuso policial sean una realidad que estas dos ONG han llevado a menudo a los tribunales. Para Palazón, la violencia en la frontera es la consecuencia de 'las políticas de inmigración agresivas de la Unión Europea', que se traducen en alambradas y torniquetes 'que parecen hechos para animales'. El activista recuerda también 'los fusilamientos' en 2005, de los 14 subsaharianos que perecieron en las vallas de Ceuta y Melilla.

Unos 30.000 marroquíes entran cada día a la ciudad autónoma, la mayoría para trabajar o comerciar. Palazón recuerda que no se puede pedir a estas personas 'que nos enriquezcan con su trabajo' y luego tratarlos 'como si fueran carne de cañón'.

Población flotante
Melilla tiene 75.000 habitantes, de los que el 45% son de origen peninsular y otro 45% de origen bereber. El resto pertenecen a minorías. A esta población hay que sumar a los 30.000 marroquíes que cada día entran en la ciudad para trabajar.

Quejas policiales
El Gobierno anunció el viernes que desde 2004 se ha duplicado el número de policías en la frontera. Aun así, para el Sindicato Unificado de Policía, el centenar de agentes que vigila los pasos fronterizos están desbordados.