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Merkel amenaza con hacer naufragar la cumbre del euro

Sarkozy viaja hoy a Berlín para tratar de desbloquear las negociaciones y llegar mañana con un preacuerdo sobre el segundo rescate de Grecia

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Primero negó que se fuera a celebrar, luego amagó con no presentarse y ahora amenaza con frustrarla. La cumbre que los líderes del euro celebran mañana no parece ser la cumbre de Angela Merkel. La canciller alemana rebajó ayer al máximo las expectativas sobre el cónclave, donde una mayoría de participantes espera acordar el segundo rescate de Grecia para calmar a unos mercados que atenazan a Italia y España. 'No se dará ningún paso espectacular', aseguró ayer Merkel en una comparecencia ante los medios en Berlín. 'Se trata de crear un proceso controlado, compuesto de pasos y medidas graduales', dijo.

Sus palabras tuvieron una mala digestión entre los funcionarios y analistas comunitarios, que las interpretaron como un enroque de la canciller en sus posiciones, sin que la cercanía de la cumbre las haya ablandado. 'Llevamos varias cumbres retrasando la solución: siempre parece que hay una siguiente. Pues bien, ya no es el caso, no podemos permitírnoslo', aseguró un alto funcionario, que destacó que, ya más que sobre España, los especuladores se ceban con un país hasta ahora fuera de su punto de mira: Italia.

Según la descripción de Financial Times, la zona del euro 'juguetea' o toca el harpa como Nerón, mientras 'Roma y Madrid arden'.

Ante esta posibilidad, la Comisión Europea insistió ayer en que el euro se está quedando sin tiempo. El titular de Competencia, Joaquín Almunia, pidió a la cumbre una 'decisión clara, que vaya al fondo del problema' para que los mercados 'tomen buena nota' y calmen sus dudas. El freno en las expectativas impuesto por la canciller bien podría reflejar la división que todavía persiste entre los socios, que no acaban de perfilar una fórmula definitiva para el segundo rescate.

Un documento de trabajo de la zona del euro, divulgado ayer por Reuters, constata que los 27 no sólo no han avanzado en el diseño final, sino que está más abierto que nunca. Según AFP, Merkel y Sarkozy se reúnen hoy en Berlín para tratar de avanzar en la fórmula y llegar a Bruselas mañana con los trabajos más avanzados o con un acuerdo prácticamente cerrado, como suele ocurrir. Merkel también habló ayer con Barack Obama por teléfono y ambos coincidieron en la necesidad de afrontar esta crisis de forma efectiva para respaldar la recuperación económica.

La pregunta que los líderes tendrán que responder es quién tiene que pagar una parte considerable de la factura, que rondaría los 110.000 millones. ¿Los bancos o los ciudadanos? La pregunta tiene trampa, ya que la banca europea está fuertemente respaldada por los Gobiernos, por lo que al final la responsabilidad última siempre recae sobre los Estados. Sin embargo, el sector privado puede contribuir evitando el desembolso directo de miles de millones de dinero público, algo que por impopular pondría contra las cuerdas a los Gobiernos de Alemania, Holanda, Austria o Finlandia.

El principal problema consiste en que la participación de la banca y aseguradoras privadas podría levantar una tormenta financiera, azuzada por las agencias de calificación de riesgos, que provocase más problemas a los países afectados de los que estaba llamada a solucionar.

Ese es el principal temor del BCE, quizás la institución que mejor conoce al sistema financiero, cuya cúpula estudia las consecuencias de que las agencias declaren un 'impago parcial' de Grecia.

Según el documento de trabajo, las opciones sobre la mesa son tres. Cualquiera de ellas incluirá también nuevos préstamos a Grecia, combinados con la rebaja de sus precios. Esta flexibilización del rescate actual y futuro rebajaría el interés de los préstamos concedidos el año pasado en un punto, hasta el 3,5%, al tiempo que se alarga de 7 a 30 años el plazo de devolución.

A mayores, la primera opción pasa por introducir una tasa a la banca para reunir parte de lo necesario. La idea ha surgido en el último minuto y sólo esta semana salió a la luz por las filtraciones a un periódico alemán. La posibilidad podría convencer a Alemania y Francia, pero necesitaría todavía ser estudiada con detalle, ya que no está claro a qué bancos se aplicaría el gravamen y cómo se gestionaría lo recaudado.

La segunda opción implica la compra masiva de bonos de deuda griega que vayan a caducar hasta 2014. La compra de bonos en el mercado implicaría pérdidas para los bancos que los tienen, ya que las dudas sobre el futuro de Grecia han hecho caer su precio (no su rentabilidad, que se mueve de forma inversa) muy por debajo del que tenían cuando fueron comprados.

Según los cálculos de Alemania, así se podrían reunir 20.000 millones. Sin embargo, supondría una gran movilización de fondos públicos a la que Berlín se muestra reticente. El último plan que se está considerando incluye la renegociación de los contratos de deuda con los inversores privados, el tipo de implicación de la banca favorito de la canciller. Los bancos tendrían que aceptar el canje de los bonos que vayan a caducar próximamente por otros, a más largo plazo; ampliar los que ya tienen o comprometerse a comprar más en cuanto venzan.