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Merkel manda, Europa sufre

El rumbo impuesto por Alemania a la eurozona inyecta nerviosismo en los mercados y dudas sobre el futuro del euro

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Hubo un tiempo en que fue conocida como 'Frau Europa' o 'doña Europa'. En 2005 fue la primera mujer en convertirse en canciller. También la primera canciller procedente de la Alemania del Este. A su llegada, prometió un renovado impulso a la Unión Europea, en la que Berlín es la capital más influyente. Hoy, Angela Merkel dibuja los límites del mapa económico de los países del euro, que temen tanto lo que hace como lo que dice. 'Frau Nein' o 'doña no', como se le denomina ahora, ha impuesto en medio del pánico en los mercados una política de austeridad sin condiciones que dificulta una rápida vuelta al crecimiento, siguiendo la táctica opuesta a la de EEUU. Además, ha aderezado su guerra al gasto público con durísimas represalias contra los países europeos en apuros, en forma de endurecimiento de las reglas contra el déficit y declaraciones con un devastador efecto en los mercados. En Bruselas, pocos se atreven a criticarla en público, pero en privado nadie niega que Merkel está siendo, en una hora crítica para el euro, un constante palo en la rueda de las decisiones comunitarias.

En su última gran propuesta consiguió incorporar al presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, que, a cambio de algunas concesiones, se ha conformado con ocupar un vagón en una locomotora francoalemana conducida por Berlín. En el acuerdo del mes pasado en Deauville (Francia), que después harían suyo los 27, Francia y Alemania abrieron la puerta a que los inversores privados paguen parte de la factura si es necesario salvar a uno de los estados miembros de la zona de euro.

Alemania retrasó durante meses el rescate de Grecia y agravó su estado

La polémica propuesta ha tenido durante las últimas semanas unos dramáticos efectos en los mercados, haciendo subir el precio que los gobiernos pagan por refinanciarse por el temor de los propietarios de los bonos a no recuperar lo invertido, especialmente en la deuda irlandesa, portuguesa y española. Mientras, la deuda alemana, la más segura tradicionalmente, afianza su posición como referente.

No es un nuevo episodio, sino el último de una serie de decisiones con una gran repercusión en la zona del euro ¿Cuál es el balance para Merkel? A pesar de sus esfuerzos por satisfacer a su opinión pública, los electores le dieron la espalda en las elecciones de Renania del Norte Westfalia en mayo y las encuestas ahora también le dan la espalda. Sin embargo, al igual que ocurre en los mercados de deuda, la renta variable está premiando la actitud de Merkel. La Bolsa de Fráncfort ha subido en lo que va de año un 13%, mientras la de Atenas ha caído un 36%; la de Madrid, un 14%; la de Dublín un 10%, y la de Lisboa, un 8%. En términos de crecimiento económico, el saldo es parecido. Mientras de Alemania se puede decir que ya ha salido de la crisis (su PIB crece a un muy decente ritmo intertrimestral del 0,7%), todos los demás (sobre todo los países del sur e Irlanda) sufren para superar el estancamiento.

Esta es la secuencia temporal de cómo la hegemonía de Merkel está haciendo sufrir a la economía europea.

El Gobierno germano filtró que España necesitaba ayudas urgentes

Pocos meses después de que el nuevo Gobierno griego descubriese las mentiras de los anteriores dirigentes sobre el déficit, los mercados comenzaron a rumiar la posibilidad de un colapso de la economía helena y Alemania más que ayudar acabó por enmarañarlo más y provocó un retraso de meses en el rescate de Grecia. En una cumbre extraordinaria en febrero, los 27 prometieron apoyo, pero no dinero, una declaración de intenciones fagocitada por los mercados. 'Grecia posee edificios, empresas e islas deshabitadas, que podrían emplearse para el pago de las deudas', aseguró a principios de marzo el diputado alemán Josef Schlarmann, del partido de Merkel. Dos días después, el ministro de Economía, Rainer Bruederle, aseguró que 'el Gobierno [alemán] no tiene intención de dar ni un céntimo' a Grecia. La estrategia, reconocida después por Berlín, era obligar a Atenas a poner en marcha un durísimo plan de ajuste para no dar la sensación de que, pase lo que pase, Alemania garantizará el rescate de cualquiera de sus socios.

La negativa de Merkel a rescatar a Atenas se inspiró en las reticencias de su opinión pública, que se preguntaba por qué tenía que pagar 'las jubilaciones de lujo de los griegos', en palabras del diario Bildt. A mediados de marzo, cuando ya se había reclamado varias veces la creación de un fondo de rescate para Grecia, la canciller pidió una nueva 'sanción máxima' para los países que violen el Pacto de Estabilidad en vez de 'manifestaciones de amistad y ayudas precipitadas', planteando la expulsión de la moneda única de los países incumplidores. La idea fue considerada 'absurda' por José Manuel Durão Barroso, presidente del Ejecutivo comunitario, y por el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet. Uun alto funcionario comunitario describe la propuesta como 'la mayor irresponsabilidad de Merkel'. A su juicio, la canciller debería haber 'dominado las pasiones nacionales' y cree que la situación de tira y afloja continuo podría repetirse ahora con Irlanda.

Merkel aceptó participar en el rescate de Grecia a finales de marzo, pero hasta el 2 de mayo no permitió que se activase. Una vez puesto en marcha, la atención de los mercados giró hacia España. El 4 de mayo, José Luis Rodríguez Zapatero tuvo que desmentir un rumor que aseguraba que España pediría un rescate de 280.000 millones. El día 7, los países del euro pactaron la creación de un fondo de estabilización del euro de 750.000 millones, con la ayuda del FMI, ante el temor de que países como Portugal o España sufrieran un efecto contagio. Los rumores siguieron durante semanas y algunos de ellos partieron del Gobierno de Angela Merkel, como se comprobó después. En junio, Merkel atacó a la credibilidad de la economía aunque ella lo vistió como una defensa asegurando que 'España o cualquier otro país sabe que ese paraguas [el fondo] está ahí'.

Tras la publicación de las pruebas de esfuerzo de la banca, los mercados se mantuvieron tranquilos hasta que Irlanda tuvo que salir al rescate de su sistema bancario haciendo explotar su déficit público hasta el 32%. Alemania, que tras acceder al rescate griego anunció que promovería reformas de calado para evitar que se repitiese, volvió a la ofensiva proponiendo una reforma del Tratado de Lisboa para diseñar quiebras de países. La sugerencia, de incierto futuro, de que los inversores privados costearían los rescates, ha hecho temblar de nuevo los mercados de deuda.