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Merkel y Sarkozy retrasan el acuerdo para cerrar la crisis

La negociación con los bancos y las consultas a los parlamentos obligan a convocar otra cumbre el miércoles

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Aunque nadie niega en la zona del euro que la crisis de deuda con origen en Grecia necesita una solución urgente, la complejidad de las negociaciones llevó ayer a Francia y Alemania a forzar la celebración de una nueva cumbre. El nuevo cónclave se celebrará el miércoles, según confirmaron fuentes comunitarias a este diario. Se unirá a las cinco reuniones previstas para este fin de semana para concretar la reducción de la deuda griega, la recapitalización de la banca y la ampliación o reforma del fondo de rescate.

En un comunicado conjunto, Angela Merkel y Nicolas Sarkozy insistieron en que están 'de acuerdo por completo en dar una respuesta global y ambiciosa a la crisis que atravesa actualmente la zona del euro'. Sin embargo, su determinación por dar carpetazo a la crisis no se ha traducido en un acuerdo político sobre la fórmula en asuntos tan sensibles como qué parte de la deuda deberá dejar sin pagar Atenas o la manera de recapitalizar la banca. Mientras Alemania puja por que Grecia deje de pagar un 50% de su deuda, Francia pide no alejarse mucho del 21% comprometido en julio para no tener que inyectar dinero masivamente en sus entidades.

Por ese motivo, ambos líderes anunciaron su enésima reunión extraordinaria para el sábado por la noche para tratar de acercar posturas. Fuentes diplomáticas añaden que varios parlamentos nacionales necesitan examinar el lunes y el martes el acuerdo preliminar que se espera para la cumbre del domingo. Además, las mismas fuentes culpan a la Comisión Europea, el BCE y el FMI por no haber presentado hasta hoy a los ministros de Economía del euro un informe sobre la deuda griega que servirá para pedirle a la banca privada que participe. Según Merkel y Sarkozy, es imprescindible que 'las negociaciones se inicien inmediatamente con el sector privado para lograr un acuerdo'. De su participación en la reestructuración de la deuda de Grecia dependerán sus necesidades de recapitalización adicional, que según fuentes de la Comisión podrían ascender a 90.000 millones de euros por las nuevas exigencias de capital. Esta cifra depende mucho de cuáles sean los requisitos que plantee la Autoridad Europea Bancaria (EBA).

Ayer, quedaba claro que sus exigencias no incluirán una reducción de la valoración de la deuda soberana española ni italiana, sino sólo en la griega, portuguesa e irlandesa. Además, las entidades sistémicas, que en España serían Santander, BBVA, La Caixa, Bankia y Popular, tendrían que tener un nivel de solvencia de hasta el 9% en un escenario de estrés moderado y de hasta el 7% en un estrés extremo. Todo ello dependerá, en todo caso, de lo que se negocie este fin de semana.

Los ministros de Economía de la zona del euro empiezan esta tarde discutiendo sobre la ayuda a Grecia y el fondo de rescate y, previsiblemente, aprobarán el envío de 8.000 millones a Atenas como parte del primer rescate y que deberían haber sido desembolsados en septiembre. Es el único punto sobre el que de momento hay acuerdo.

En la cumbre, según un borrador de conclusiones filtrado a varios medios, los líderes del euro pedirán 'un esfuerzo particular' a los países que 'atraviesen tensiones en los mercados de deuda soberana' en forma de nuevos recortes del déficit. El llamamiento va acompañado de una frase en la que la cumbre reconoce los 'compromisos específicos hechos por Italia y España', pero su redacción podría cambiar.

Preguntada al respecto, una fuente comunitaria al corriente de los preparativos de la cumbre aseguró que cualquier país puede anunciar durante el cónclave 'medidas que pretendan tomar o que ya están anunciadas y se están aplicando', algo que puede 'tranquilizar a los mercados y reducir sus costes de financiación'. 'No me sorprendería si algunos países aprovechan la oportunidad para hacer eso', añadió. El Gobierno evitó confirmar o desmentir la presentación de nuevas medidas, pero fuentes cercanas al Ejecutivo recordaron que las llamadas a la consolidación fiscal son una constante en las cumbres europeas y que no implican la preparación de medidas concretas adicionales.