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"Mi hermano Domingo existió"

Vicente no pudo anotar su muerte en el Registro Civil a pesar de investigaciones que la acreditan

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La tarde del 14 de septiembre de 1936, Domingo Almeida, de 20 años, decidió huir. Las tropas fascistas, al mando del capitán Navarrete, entraron en Segura de León (Badajoz), su pueblo, después de mantener un breve tiroteo en las sierras colindantes. Atraparon a su padre, Vicente Almeida, carpintero de 49 años, y lo fusilaron junto a 20 personas más. Domingo, al que sus paisanos llamaban Ortega por parecerse al famoso torero de aquella época, se unió a la llamada columna de los ocho mil, formada por un buen número de huidos que iban hacia el noroeste, hacia zona republicana, para salvar el pellejo.

Las tropas franquistas tardaron cuatro días en localizarlos. Abatieron a muchos, unos 80. Hicieron prisioneros a muchos más, unos 1.200. Domingo cayó herido. 'Nadie lo atendió y murió allí en medio de los que estaban en un corral. Sacaron a muchos para fusilarlos, pero a él no hizo falta. Yo me pude escapar', recordaba Francisco García Girol en julio de 2007. El corral era una antigua fábrica de cerveza conocida como La Maltería, que se utilizó como cárcel improvisada en Llerena (Badajoz).

Este relato de hechos está extraído de la declaración jurada de García Girol, de un informe de la Consejería extremeña de Cultura que recopila testimonios orales y de las investigaciones del historiador Julián Chávez. Todos ellos fueron aportados por Vicente Almeida, hermano de Domingo, en la reclamación que presentó en un juzgado de Llerena para anotar, fuera de plazo, su muerte en el Registro Civil.

A la juez no le pareció suficiente. 'No basta la fama de la muerte sino que se requiere la certeza que excluya cualquier duda racional no bastando el rumor público y este grado de certeza no ha llegado a justificarse en este caso, porque no hay testigos presenciales de la muerte ni documentos oficiales de los que se deduzca la defunción'. García Girol murió tiempo después de firmar la declaración jurada y no pudo ratificarla en el juzgado. Los jueces suelen reclamar la presencia de testigos para practicar el asiento de la muerte.

Facilitar la anotación

Como respuesta a estos problemas, varias asociaciones de memoria histórica han iniciado una campaña para que los desaparecidos de la Guerra Civil y de la represión franquista, como Domingo, acaben por fin inscritos en los registros civiles. Reclaman una modificación de la ley para facilitar a las familias la anotación. El proceso es esencial para cualquier investigación sobre la represión de la dictadura.

Vicente recurrió la decisión judicial al Ministerio de Justicia y aún espera respuesta. ¿Por qué quiere inscribir a su hermano tantos años después? 'Porque mi hermano existió', afirma, un poco sorprendido por la pregunta.