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"Mi nombre es nadie" pone voz y rostro a la inmigración

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Poner voz y nombre a las personas que desde África abandonan cada día sus hogares para embarcarse en un viaje incierto a Europa en busca de una vida mejor es el objetivo del audiolibro "Mi nombre es nadie", elaborado por los corresponsales de la cadena SER Carla Fibla y Nicolás Castellanos, e ilustrado por el fotógrafo de la agencia Reuters Juan Medina.

"La gente que llega a nuestras costas tiene voz, nombre y rostro", dijo Nicolás Castellano en la presentación del audiolibro. "Pretendemos darles la palabra y escucharles de forma directa, sin intermediarios".

"¿Cuánto va a tardar en reaccionar la sociedad para desagraviar a los que ahora encerramos?", preguntó Medina.

El audiolibro presentado el martes en Madrid recoge el trabajo de los dos periodistas durante siete años en las rutas de inmigración entre África y España y consta de 30 reportajes sonoros, insertos en cuatro CD, y acompañados de su correspondiente transcripción en papel y de las fotografías de Medina.

Con el subtítulo "El viaje más antiguo del mundo", el audiolibro hace hincapié en que no se trata de un fenómeno actual o novedoso, sino que es una realidad inherente al ser humano.

"Los hombres y mujeres siempre se han movido de la miseria a la prosperidad, de la opresión a la libertad. Ésta va a ser siempre la ruta del hombre, porque si la gente se va, es para mejorar", dijo el periodista Iñaki Gabilondo en la presentación.

"Mi nombre es nadie" recorre el África subsahariana a través de un sinfín de lugares variopintos para llegar hasta Canarias, en un viaje que pretende abrir la mente y ofrecer otro prisma desde el que mirar la inmigración.

"Ellos también tienen necesidades y un proyecto de vida y el mismo derecho de poder llevarlo a cabo que nosotros", dijo, Javier de Lucas, presidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).

El audiolibro denuncia la forma en la que se gestionan los flujos migratorios en Europa y, en concreto, la directiva de Retorno de la UE, aprobada en junio del pasado año que establece que los inmigrantes ilegales que sean detenidos en suelo europeo pueden ser retenidos hasta 18 meses mientras se tramita su expulsión y que, una vez expulsados, no podrán entrar en territorio comunitario en cinco años.