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"Mi retorno al país es lo más acertado que he hecho en toda mi vida", dice Zelaya

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El depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, próximo a cumplir seis meses de haber sido derrocado por los militares, consideró hoy que su regreso al país para buscar su restitución en el cargo es lo más acertado que ha hecho en su vida.

"Mi retorno al país es lo más acertado que he hecho en toda mi vida política", dijo Zelaya en una entrevista telefónica con Efe desde la Embajada de Brasil en Tegucigalpa, donde permanece desde el 21 de septiembre, tras el golpe de Estado del 28 de junio.

"Es lo mejor que he hecho en mi vida, lo más correcto ha sido venir a ponerme de frente a mi pueblo, que está siendo reprimido, lo hice con plena convicción, lo hice porque quería yo mismo estar frente al problema", subrayó el derrocado gobernante.

Zelaya consideró que "los que fracasaron son la comunidad internacional y Estados Unidos", porque abandonaron su posición de condenar el golpe de Estado, para reconocer después las elecciones del 29 de noviembre pasado, que le dieron el triunfo a Porfirio Lobo del opositor Partido Nacional.

Antes de las elecciones, agregó, "se debió retomar el estado de derecho, restaurar la democracia y hacer un pacto social, pero no se hizo, mas bien se violó el Acuerdo Tegucigalpa-San José", suscrito por representantes de Zelaya y del presidente de facto, Roberto Micheletti.

A pesar de permanecer encerrado en la embajada de Brasil desde hace casi tres meses, Zelaya dice que no se arrepiente de haber llegado por sorpresa a esa legación diplomática.

"Jamás. No me arrepiento porque estoy luchando por un derecho, por el respeto a una investidura, yo sigo manteniendo la misma posición", enfatizó.

Zelaya admitió que el exilio de tres meses, que en su mayor parte pasó en Nicaragua, le dio "confort", pero renunció a ello porque: "entiendo que los cambios de una sociedad se logran con sufrimiento".

"Encerrado aquí quiero heredar a mi familia mi esfuerzo y sacrificio por mis derechos, los suyos y los del pueblo hondureño", recalcó.

"Alguien tenía que sacrificarse además del pueblo, por eso aquí tienen al presidente haciendo ese esfuerzo de frente", añadió Zelaya, quien además afirmó que en su mandato de tres años y medio no cometió ningún delito, aunque tiene una veintena de acusaciones, entre ellas por abuso de autoridad y traición a la patria.

Añadió que si él hubiera cometido delitos, "no iba a venir" a exponerse y que, con su regreso, demuestra su "inocencia".

"Las únicas faltas que cometí fueron cuando me pasaba en rojo los semáforos" escoltado por patrullas de seguridad de la Casa Presidencial, ironizó.

"A mi me va muy bien, al país le va muy mal, estoy bien de salud, pero la salud del país está muy mal, eso es una verdad, se ha duplicado el déficit fiscal, las reservas internacionales se han esfumado o han sido saqueadas de una forma por todos conocida", dijo Zelaya sin precisar detalles sobre su denuncia.

Agregó que Honduras perdió en estos seis meses lo que al país le costó construir en diez años, y que hasta mayo pasado él tenía las reservas internacionales en unos 2.570 millones de dólares.

Esa cifra, según Zelaya, bajó a unos 1.800 millones de dólares durante el régimen de facto, mientras que el ingreso per cápita de los hondureños ha caído, después de que su Gobierno lo subió de 1.000 a 1.400 dólares anuales.

Agregó que en su Administración la pobreza se redujo en un 10 por ciento, que el crecimiento económico del país en promedio fue del 5 por ciento, mientras que los combustibles en Honduras eran los más baratos de Centroamérica.

Entre otros logros que atribuyó a su Gobierno figuran varios programas sociales en materia de educación y salud.

Otros proyectos millonarios de energía hidroeléctrica y de obras viales, que iban a financiar Brasil, organismos financieros internacionales y Estados Unidos, entre otros, "se han paralizado" porque la comunidad internacional no reconoce al régimen de facto, indicó Zelaya.

El depuesto presidente aseguró que el país "tiene que volver obligatoriamente al plan de desarrollo" que él estaba ejecutando, que incluía la convocatoria de una Asamblea Constituyente, porque "es la única salida que tiene Honduras".

Zelaya fue derrocado por impulsar una consulta popular orientada a reformar la Constitución, a pesar de tener una prohibición legal para hacerlo.