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Micheletti lamenta que tras un año del golpe no haya "armonía" en Honduras

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El ex gobernante de facto de Honduras, Roberto Micheletti, dijo hoy que tras un año del golpe de Estado del 28 de junio de 2009 al entonces presidente, Manuel Zelaya, está preocupado porque el país aún no ha recuperado la "armonía".

"Estoy preocupado, porque pese a que el país ha restablecido relaciones con varios países, falta la armonía que se vivía anteriormente, la situación no se ha normalizado, hay un ambiente de incertidumbre", dijo Micheletti en entrevista telefónica con Efe.

Agregó que, pese a todo, tiene "confianza en el presidente Porfirio Lobo", quien asumió el 27 de enero pasado, y cree que el nuevo gobernante "tratará de actuar con la mayor responsabilidad para que se logre la unidad interna y con los demás países".

Micheletti asumió el poder el 28 de junio, el mismo día en que Zelaya fue sacado por la fuerza del país, en un hecho que llevó a Honduras al aislamiento y a su suspensión de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Zelaya, quien desde el 27 de enero vive en República Dominicana, fue depuesto cuando promovía una consulta popular para reformar la Constitución, pese a que tenía impedimentos legales.

Un año después del derrocamiento, Honduras sigue suspendida de la OEA, mientras que Nicaragua impide la normalización de las relaciones con el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA).

Micheletti dijo que le preocupa que Honduras no haya retornado al seno de la OEA y resaltó que su país "ha cumplido con todos los requisitos que le exigía la comunidad internacional para reconocer a las nuevas autoridades" hondureñas.

"Se ha dado cumplimiento a los Acuerdos Tegucigalpa-San José, hay un Gobierno de unidad, hubo elecciones limpias y se creó la Comisión de la Verdad y Reconciliación", subrayó Micheletti, quien tras concluir con su mandato de facto de siete meses regresó a El Progreso, norte de Honduras, para dirigir sus empresas.

Pese a las denuncias de organismos públicos y privados sobre la continuidad de las violaciones de los derechos humanos en el país, Micheletti considera que "no hace falta" que la OEA envíe una comisión especial para verificar la situación de Honduras y analizar su reintegro al organismo hemisférico.

Dijo, además, que a Zelaya no le ve futuro político y que el Partido Liberal, al que pertenecen ambos y que quedó resquebrajado tras el golpe, "mantiene su condición democrática y quiere volver al poder de la nación".

De los seguidores de Zelaya, muchos de ellos aglutinados en el Frente Nacional de Resistencia Popular, subrayó que "es un grupo de gente resentida que ha dejado un mal sabor en la conciencia del pueblo, que salen a pintar paredes y a provocar a la ciudadanía".

En su opinión, los hondureños están viviendo "en paz y democracia", en el país "hay transparencia" y "el pueblo quiere vivir en paz y tranquilidad".

"El poder político de la nación se fortaleció con las elecciones", dijo Micheletti, sobre los comicios de noviembre pasado que ganó Porfirio Lobo, del Partido Nacional.

"Estamos viviendo en democracia desde hace treinta años, desde entonces hemos venido eligiendo a nuestras autoridades cada cuatro años, eso nos da la garantía que la gente quiere vivir en democracia y no presionada por ideologías de izquierda", acotó el ex jefe de Estado de facto.

De Lobo, expresó que "está haciendo esfuerzos para conciliar con la comunidad internacional, aunque la situación económica del país sigue siendo de crisis".

Pese a la crisis, Micheletti, quien era presidente del Parlamento hondureño cuando Zelaya fue derrocado, cree que "hay confianza en que la situación del país se irá normalizando en la medida que se restablezcan las relaciones con la mayoría de países".

Designado "sucesor" de Zelaya en una acción de los diputados calificada como "sustitución constitucional", Micheletti dijo que tras cesar en el poder regresó a sus negocios y que con frecuencia se reúne con amigos y políticos para "estudiar la situación y contribuir con el Gobierno de Lobo en lo que se pueda".

Agregó que aunque ha seguido recibiendo amenazas de muerte, no teme por su vida porque no ha cometido ningún delito.