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El Miguel Ángel de la penitenciaría

Una cárcel-museo de Filadelfia restaura los murales bíblicos de uno de sus presos

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La penitenciaría-museo Eastern State de Filadelfia ha comenzado a restaurar los murales bíblicos que pintó en 1955 uno de sus prisioneros en las paredes de la cárcel. El preso Lester Wallance Smith (1924-2003) tuvo una revelación mientras esperaba en prisión para conocer su sentencia. Smith se convirtió al catolicismo y plasmó su nueva fe en los muros de su celda. 'Solía burlarme de los pastores y de los sacerdotes, pero una noche me di cuenta de que no podía seguir solo más tiempo. Primero lloré y después recé. La noche siguiente algo me hizo coger un lápiz y dibujar una escena en la pared más cercana', explicó Wallance Smith en 1955.

El padre Gallagher, el capellán católico de la cárcel, vio los bosquejos de Smith y le ofreció la oportunidad de decorar las paredes de su oficina. El prisionero pintó 23 obras para el capellán. Al Miguel Ángel de la penitenciaría le gustaba pintar almas en el purgatorio y santos.

Lester W. Smith, que en su juventud recibió la medalla Corazón Púrpura tras ser herido durante la Segunda Guerra Mundial, llevaba antes de ser detenido una doble vida: padre de familia y atracador de bancos. A la hora de dictar sentencia, el juez tuvo en cuenta su conversión al catolicismo en la cárcel y su pasión por su nueva fe. Le condenó a sólo un año de prisión. Su cómplice, en cambio, tuvo que cumplir una condena de diez años.

Smith ocultó durante décadas a la mayoría de sus hijos y amigos su paso por prisión. Llevó a partir de entonces una vida ejemplar, se reinsertó en la sociedad, fue un buen padre y trabajó duro hasta que se jubiló a los 73 años.

Casi seis décadas después del paso de Smith por Eastern State, los responsables de esta penitenciaría-museo de Filadelfia han decidido restaurar los murales del preso. Sus obras quedaron muy dañadas por las goteras del edificio y los fuertes cambios de temperatura tras el cierre de la prisión en 1971.

Para restaurar las obras contarán con la ayuda de la colección de fotografías en blanco y negro en las que se puede ver a un joven Smith y sus murales. El preso arrepentido de su vida delictiva guardó las fotografías como souvenir de su paso por prisión debajo de su cama y sus hijos se las entregaron a la penitenciaría-museo tras su muerte en el año 2003.

Los responsables del centro confían en terminar la restauración de las obras de Wallance Smith en 2012. Mientras tanto, los visitantes de esta cárcel reconvertida en museo pueden visitar la oficina del capellán y ver algunos de sus murales.

Una de las obras que corre más peligro es la titulada Prisionero penitente, en la que se puede ver un autorretrato de Smith con el número de preso 01010 en la espalda, rezando y arrepintiéndose de sus pecados ante un sacerdote católico. Por encima de ellos, se encuentra Jesucristo absolviendo al prisionero.

En los últimos años, el agua se ha ido filtrando en la pared que contiene el mural deteriorando la escayola, por lo que la pintura se está desconchando.

De la restauración de la Capilla Sixtina de la penitenciaría de Filadelfia, que en 1994 se convirtió en un museo, se ocupará el estudio Milner & Carr Conservation de Filadelfia, responsables también de la restauración de la sinagoga de esta cárcel. Los restauradores deberán ahora determinar qué obras de Lester Wallance Smith pueden ser restauradas y cuales deberán ser recreadas.

'Nuestro objetivo es salvar las pinturas, de modo que podamos compartirlas con nuestros visitantes, más de 100.000 al año', asegura Nicole Fox, responsable de comunicación de la penitenciaría-museo. 'Abrir (al público) la oficina del capellán católico nos permitirá ampliar el debate sobre la vida espiritual en Eastern State, un tema de mucha importancia para muchos de los hombres y mujeres que vivieron detrás de estos muros', añade Fox.

Una vez restauradas, las obras de Smith serán uno de los platos fuertes de la visita de la penitenciaría, junto a la celda de Al Capone. El mafioso pasó ocho meses en Eastern State entre 1929 y 1930 en una celda de lujo decorada con alfombras orientales, muebles elegantes y hasta una radio.