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Miguel Artola evoca en "Los afrancesados" la época "más interesante" de la Historia de España

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El historiador Miguel Artola revive en "Los afrancesados" el que considera "el momento más interesante" de la historia de España, "en el que se pasó de un régimen secular a una experiencia política moderna".

Artola (San Sebastián, 1923), miembro de la Real Academia de la Historia, ha presentado una nueva edición de este libro con la que recupera una tesis doctoral publicada en 1953.

En "Los afrancesados" se plantea que este colectivo, que apoyó el reinado de José Bonaparte y pertenecía a la élite ilustrada, "buscaba la felicidad para el pueblo y era fiel a un programa en lugar de a una persona".

El libro ha sido descrito por el también historiador José Álvarez Junco como "una obra de renovación que rompe con los tópicos nacionalistas del siglo XIX".

"No es cierto que los afrancesados fueran unos aprovechados, ni que estuvieran allí para medrar, ni que fueran unos antipatriotas o quisieran desmembrar el país", ha afirmado Álvarez Junco.

Esta obra, editada por Alianza Editorial, y que para su autor tiene "unas connotaciones personales especiales" por tratarse de su "ópera prima", se encuadra dentro de la ola de publicaciones que están apareciendo relacionadas con el bicentenario de la Guerra de Independencia.

"Los españoles, en 1808, tuvieron la oportunidad de tomar distintos caminos", ha explicado Miguel Artola. De la misma opinión se ha mostrado María Victoria López Cordón, profesora de Historia Moderna, quien ha afirmado que ésta "fue la primera generación que tuvo que decidir qué partido tomar, desde el punto de vista de las ideas".

Ganador del Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales en 1991 y del Nacional de Historia en 1992, Artola ha señalado que los dos mayores problemas a los que tuvo que enfrentarse la intelectualidad española a principios del XIX fueron "crear un sistema político y una forma de Estado", por encima de otras dificultades como el carlismo.

El académico ha respondido a los que han planteado que la visión peyorativa sobre los afrancesados ha respondido durante años a una cuestión política, asegurando que "la historia hay que hacerla a pesar de su utilización política".