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Miguel Ríos hasta el final

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Ni la ola de frío ni los controladores lograron impedir que Miguel Ríos acudiera a su cita de despedida de los escenarios españoles después de 50 años de carrera, en la que el roquero granadino repasó casi todas las perlas de su repertorio, saludadas una tras otra como himnos por un público entregado.

Hacían falta muchos vatios de rock para calentar esta gélida noche de diciembre en Santander, algo de lo sigue sobrado a sus 66 años el tipo que batió récords de ventas en 1968 con "El himno a la alegría" y que reventó estadios con el legendario "Rock & Ríos".

Miguel Ríos se jubila y no se cansa de proclamarlo en el tema que da nombre a esta gira de despedida, "Bye bye Ríos", pero sigue siendo el mismo que varias generaciones de seguidores de su música recuerdan, por mucho que su viejo diario le recuerde "no envejecer en escenario" y que lo suyo, ahora, será "cantar en la ducha"

Esta noche, en el último de sus nueve conciertos de despedida en España, el cantante granadino ofreció dos horas y media de rock, blues y soul, de genuino Miguel Ríos. Porque, a diferencia de los anteriores conciertos, no se sabe si a propósito o por gracia del caos aéreo, estuvo solo con su banda, sin los colegas que le han acompañado en otras ciudades, como Amaral, Ana Belén o Rosendo.

Ríos arrancó fuerte, con una salva de cinco canciones sin pausa que fueron toda una declaración de intenciones: "Memorias de la carretera", "Bienvenidos", "Generación límite", "Antinuclear" y "Nueva ola". El abuelo del rock español se permitió incluso hacer gala de esa condición, cambiando una de las estrofas principales de su "Bienvenidos" para saludar a los "nietos del rock'n'roll".

Porque, entre las miles de personas que seguían el concierto, no sólo abundaban los que vivieron sus giras de los ochenta, sino también un público joven con el que Miguel Ríos sigue conectando.

"Bienvenidos al final de esta primera parte de la gira de despedida", gritó en sus primeras palabras al público Miguel Ríos, cuyo adiós a los escenarios continuará el año próximo en América.

"Sois un gran público, pero los he visto más efusivos", siguió arengando a sus seguidores, antes de viajar aún más años atrás en su carrera para recordar temas como "Vuelvo a Granada" o "En el río".

Después continuó con "La reina de keroseno", "Un caballo llamado muerte" y "Año 2000" y calentó más el ambiente con el "Rock de una noche de verano" y "El blues del autobús", justo antes provocar la mayor ovación de la noche con el tema "Santa Lucía".

Cerca de las dos horas de concierto, Miguel Ríos hizo un par de homenajes a otras dos leyendas del rock hispano, Burning y Leño, interpretando "Mueve tus caderas" y "Maneras de vivir", sin parar de invitar al público a que le acompañara canción tras canción.

"Los autobuses para Granada salen mañana a las 11.00 de la playa. Os convido a venir a mi casa", dijo, instantes antes de lanzarse con el tema de su adiós: "Bye bye Ríos". El concierto se acercaba a las dos horas y media y el público sólo consiguió arrancarle un bis.

Fue "El himno a la alegría", la versión rock de la Novena Sinfonía de Beethoven con la que consiguió vender siete millones de discos en todo el mundo hace cuarenta años y no hizo falta más. Bye bye, Mike.