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Miquel Ortega hace del drama de Lorca una ópera de emociones, fiel y cercana

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El Festival Internacional de Santander (FIS) estrena mañana la ópera "La casa de Bernarda Alba" de Miquel Ortega, quien se ha propuesto ser fiel a un texto que siempre le ha fascinado y convertir en música, cercana al público, los sentimientos y las emociones de los personajes que creó su admirado García Lorca.

El cántabro Román Calleja es el director escénico de esta coproducción de los festivales de Santander y Perelada, donde se representará el próximo lunes, que cuenta con un reparto encabezado por Raquel Pierotti (Bernarda), Montserrat Martí (Adela) y Vicky Peña (María Josefa), la única "actriz hablante" de la función.

No es la primera vez que la última obra teatral de Lorca se transforma en ópera. Hay otras diez versiones anteriores que no han tenido demasiada repercusión, excepto la del alemán Aribert Reinann (2000), pero ninguna, como ésta, con texto en español.

Desde que leyó la obra, no recuerda ya cuando, Miquel Ortega quedó "impactado" y pensó que en ese drama de mujeres encerradas en la España de los años treinta había una ópera.

Se decidió a escribirla en los noventa a partir del libreto de Julio Ramos, más conocido por Bruno Bruch, que falleció, a los 35 años, en 1995, cuando acababa de terminarlo, ha recordado hoy durante la presentación de este montaje.

Aunque empezó a componer cuando era muy joven, Ortega, que fue discípulo de Ros Marbá, se ha dedicado siempre a la dirección de orquesta e interpretar la música de otros le ha ayudado a entender mejor por qué hay "un puñado de autores de ópera" que está llegando al público y se mantiene, mientras otros desaparecen.

Consciente de que el lenguaje del siglo XXI no puede ser el mismo que el del XIX, cree que si las escenas de una ópera son duras, la música no puede ser amable y viceversa. "Lo que no puede ser es que sea disonante y truculenta hasta cuando se habla de amor", ha defendido este músico, quien tiene muy claro que él escribe para el público.

Ortega estará en el foso para dirigir a la Orquesta Nacional de Lituania, porque considera que esa es una responsabilidad que tiene que asumir al menos en las primeras funciones, aunque ha confesado que, si la obra tiene éxito, le encantaría verla desde una butaca.

Un teatro vivo que huye de lo burgués, la crítica a una sociedad con doble moral, marcada por la religión, por el miedo al "qué dirán" y por la hipocresía, las ansias de libertad y el deseo sexual, son, según Román Calleja, las claves de la obra teatral, que él ha tratado de trasladar a la escena.

En la puesta en escena, ha explicado, ha intentado contextualizar ese mundo simbólico en el que aparentemente todo es "impoluto" y que podría recrearse como un convento, una cárcel o, incluso, como un laberinto.

Y ha jugado además con los contrastes para marcar diferencias entre la apariencia y la realidad, la luz y la oscuridad, el día y la noche.

Para la mezzosoprano uruguaya Raquel Pierotti, la música de Ortega es capaz de evocar los sentimientos de cada uno de los personajes, aunque no esté acompañada de texto. El suyo, ha apuntado, es un papel "agrio" y "seguramente el más duro" de su carrera, no por la dificultad vocal sino por la energía que demanda un personaje que "está siempre en guerra" con sus hijas.

Entre esas hijas está Adela, encarnada por Montserrat Martí, que si antes de los ensayos destacó que nunca había cantado nada similar, ahora prefiere hablar de las emociones siempre presentes en esta obra y de un papel que ve "como un regalo".

Marina Rodríguez Cusí (La Poncia), Hasmik Nahapetyan (Angustias), Beatriz Lanza (Martirio), Marina Pardo (Magdalena), Marifé Nogales (Amelia) y Leticia Rodríguez (la criada) forman también parte de un elenco completamente femenino, hasta en las diez voces del coro, al que se suma la única actriz del reparto, Vicky Peña.

Esta actriz, que ha hecho teatro musical pero nunca ópera, vive su primera experiencia en este género con un papel, el de Josefa, "muy delicado, con un vuelo poético muy grande".