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Mónaco: los políticos miran hacia Nueva York, los científicos hacia el Ártico

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En los pasillos de la reunión especial del consejo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) que comenzó hoy en Mónaco, las conversaciones de muchos ministros tratan sobre Nueva York, pero los científicos hablan del Ártico.

Hacia Nueva York porque existe un amplio consenso en que las Naciones Unidas, hasta ahora sin el apoyo imprescindible de EEUU, conviertan al PNUMA, actualmente un programa, en una agencia, con mayor autonomía, capacidad de decisión y presupuesto.

Hacia el Ártico porque los nuevos datos del GEO-4, de 2008, el resumen anual sobre la situación medioambiental del mundo, presentado en Mónaco, ha hecho sonar las alarmas sobre los catastróficos efectos del deshielo y la posibilidad de que el metano del permafrost y de los hidratos acelere el efecto invernadero y, por tanto, el calentamiento del planeta.

Una comunicación oficial de Estados Unidos a la secretaría general del PNUMA, antes de la reunión, se encargaba de "recordar" que la cita de Mónaco, a la que asisten más de cien ministros del área medioambiental, tiene sólo carácter consultivo y que no está en la agenda ni en sus capacidades tomar decisiones vinculantes.

Los científicos y la mayoría de los representantes de la sociedad civil, reunidos en una sesión previa, se exasperan: los datos del GEO-4 no permiten dilaciones administrativas y burocráticas, afirman.

Ricardo Sánchez Sosa, director de la oficina del PNUMA para América Latina y el Caribe, admite que existe la necesidad de aumentar la capacidad de decisión del programa de la ONU: "Pero nosotros, como organismo internacional, haremos lo que decidan los países miembros", dijo a Efe.

Representantes de la sociedad civil no son tan diplomáticos: "Si queremos un mundo sustentable, hay que partir de una democracia efectiva (en la ONU), Estados Unidos es una parte, no la parte", dijo a Efe Carlos Gómez Flores, director general de la ONG "Mundo Sustentable".

Mientras tanto, un capítulo especial del GEO-4 está dedicado a una nueva amenaza: la gigantesca emisión de metano a la atmósfera que puede provenir del deshielo del permafrost que rodea el Polo Norte y la eventualidad de que comiencen a extraerse los enormes depósitos de gas encerrados en las capas de hidratos, bajo el mar Ártico.

"Un estudio reciente -dice el GEO-4- ha estimado que el promedio anual de emisiones netas de metano a fines del siglo XX (procedentes del permafrost) al norte de la latitud 45 fue de 51 millones de toneladas métricas".

"La cantidad de carbono almacenada en la materia orgánica del permafrost es asombrosa -sigue el estudio-: se calcula una cifra entre 750.000 y 950.000 millones de toneladas métricas, cantidad equivalente o superior a los 800.000 millones que se encuentran actualmente en la atmósfera".

Y ese permafrost ha empezado a descongelarse y a liberar metano de forma natural.

El otro riesgo está encerrado en los hidratos, formas sólidas de un potencial combustible compuesto por hielo en hidrocarburos que se encuentra sumergido en el fondo de los mares árticos bajo la ávida mirada de las empresas extractoras de combustible.

"Se calcula que los depósitos oceánicos de hidrato de gas almacenan entre 2.000 y 5.000 millones de toneladas métricas de carbono en forma de metano, aunque según algunos cálculos esa cifra se elevaría a 10.000 millones", afirma el estudio del PNUMA.

En comparación, todas las reservas actuales de carbón contienen sólo 5.000 millones de toneladas.

"La existencia total estimada de metano en los depósitos mundiales de hidratos es comparable o superior al resto de los depósitos de combustibles fósiles tradicionales combinados, lo que impulsa la idea de extracción de hidratos de metano como fuente de energía fósil", según GEO-4

Los científicos intentan preocupar a los políticos en la reunión de Mónaco, que sólo tiene carácter consultivo y durará hasta el viernes.

Se trata de una convocatoria especial del consejo del PNUMA para preparar los documentos de trabajo de la sesión regular, ya de carácter ejecutivo, en Copenhague, el año que viene.

El tema central de la reunión es cómo se financia la transición de una economía mundial sucia, desde el punto de vista medioambiental, basada en la energía que producen los combustibles fósiles, a una economía ecológica que no agrave el cambio climático que produce el efecto invernadero.

Según los científicos, mientras se encuentran soluciones a los problemas actuales, derivados del masivo consumo de hidrocarburos, nuevos y atractivos depósitos de combustibles aparecen a la vista de las empresas petroleras.