Publicado: 20.11.2014 09:57 |Actualizado: 20.11.2014 09:57

Muere a los 88 años la Duquesa de Alba

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La aristócrata María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y de Silva, XVIII duquesa de Alba, XI duquesa de Berwick y 14 veces Grande de España, ha muerto este jueves en Sevilla a los 88 años de edad, rodeada de su actual marido Alfonso Díez y sus seis hijos. Valedora de una inagotable pasión por la vida, era un personaje habitual de la prensa del corazón en España.

La duquesa de Alba, la aristócrata con más títulos nobiliarios del mundo y descendiente directa de Jacobo II de Inglaterra  (contaba con más de 45 títulos nobiliarios y un patrimonio valorado en de 3.000 millones de euros, según la revista Forbes)  vivía prácticamente recluida en los últimos meses en el Palacio de Dueñas, su domicilio en Sevilla, a causa de una neumonía que la llevó brevemente al hospital antes de que sus familiares decidieran trasladarla a casa. 

Cayetana Fitz-James Stuart  sufría desde hace años un delicado estado de salud. Una operación quirúrgica en 2009 para aliviar una hidrocefalia que la mantenía en una silla de ruedas supuso un punto de inflexión en la vida de la duquesa, que siempre proclamó su pasión por la vida y era una gran aficionada al flamenco y los toros. En los últimos años, Cayetana de Alba solía necesitar apoyo para andar y hablaba con alguna dificultad.

María del Rosario Cayetana Alfonsa Victoria Eugenia Francisca Fitz-James Stuart y de Silva nació en el Palacio de Liria en Madrid el 28 de marzo de 1926 y, al estallar la Guerra Civil, se exilió en Londres junto a su familia. Sin embargo, no pudo evitar la sombra de la contienda y, tres años después, vivió el estallido de la II Guerra Mundial y sus posteriores efectos sobre Gran Bretaña.

"Mi padre era un anglófilo convencido, no sólo de sentimientos, sino también por su educación. Se sentía tan británico como yo me siento sevillana. Esta pasión suya marcó mi infancia y mi adolescencia. Una parte de su querencia británica está justificada: nuestro primer apellido, Fitz-James Stuart, significa literalmente 'descendiente de Jacobo Estuardo'", dijo la duquesa en sus memorias Yo, Cayetana (2011).

De vuelta a España, y siguiendo el consejo de su padre, se casó en primeras nupcias con el aristócrata Pedro Luis Martínez de Irujo y Artazcoz, hijo de los duques de Sotomayor. El enlace, que tuvo gran repercusión social, se celebró en Sevilla el 12 de octubre de 1947. De su matrimonio con su primer marido, nacieron seis hijos: Carlos, duque de Huéscar; Alfonso, duque de Aliaga; Jacobo, conde de Siruela; Fernando, marqués de San Vicente del Barco; Cayetano, conde de Salvatierra; y Eugenia, duquesa de Montoro.

Tras la muerte de su padre Jacobo Fitz-James, en 1953, Cayetana heredó el Ducado. En 1972 murió su marido, víctima de leucemia. Seis años más tarde contrajo nupcias con el exjesuita Jesús Aguirre, que falleció en 2001. En octubre 2011 se casó por tercera  con el funcionario Alfonso Díez, 24 años más joven que ella. Esa boda no fue fácil al no contar, en principio, con el apoyo de sus hijos, pero su perseverancia y un acuerdo sobre el reparto de su herencia meses antes allanó el camino.

Fotografía de archivo, de junio de  2002, de la duquesa de Alba tras recibir en Sevilla la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio, que le impuso la ministra de Educación, Pilar del Castillo. En la imagen posa con sus hijos de izquierda a derecha, Alfonso, Fernando, Eugenia; la ministra de Cultura, Carlos, Genoveva Casanova y Cayetano. EFE

La duquesa hizo donación a sus hijos, en julio del 2011, de su herencia personal e histórica, valorada en ese momento 1.000 millones de euros, y que hasta su fallecimiento ha administrado como usufructuaria. El patrimonio de la Casa de Alba es administrado desde la Fundación Casa de Alba, creada en 1976.

Deja patrimonio considerado como una de las mayores fortunas de España, compuesto por terrenos, palacios, propiedades inmobiliarias y una gran colección de arte y monumentos gestionados a través de la Fundación Casa de Alba, y obras de Velázquez, Rubens, Goya o Tiziano. Entre algunas de sus posesiones se encuentran el madrileño Palacio de Liria, el Palacio de Dueñas en Sevilla o el Palacio Monterrey de Salamanca. La Casa de Alba también es propietaria de explotaciones agrícolas y ganaderas en Andalucía y Castilla León.

El madrileño palacio de Liria (reconstruido tras la Guerra Civil y donde se conserva por ejemplo el último testamento de Fernando el Católico o el primer mapa de América trazado por Cristóbal Colón, según datos que figuran en el Ministerio de Cultura) permanecerá en la fundación, junto a la parte más sustancial de sus bienes y títulos, que dirigirá Carlos Martínez de Irujo, duque de Huéscar, que será el próximo jefe de la Casa de Alba. Los demás hijos, que ostentan títulos de condes, marqueses y duquesa, han recibido mansiones, palacios, fincas y parcelas rústicas, además de una cuantiosa cantidad en dinero.

Cayetana de Alba no ha sido ajena a problemas con la administración, sus agricultores y algunos sindicatos. En 1990, la Junta de Extremadura le expropió 2.500 hectáreas.

Entre sus aficiones principales estaban los toros, la pintura y el baile flamenco, un arte que aprendió de dos grandes maestros: Pastora Imperio y, sobre todo, Enrique el Cojo. Gran aficionada a los caballos, en sus años jóvenes llegó a rejonear, y fue el duque de Alburquerque, gran caballista, quien le enseñó los secretos de la monta en la Academia Militar.

Cayetana fue la XVIII duquesa de Alba y la tercera mujer en ostentar el título de una casa cuyo origen se remonta a la Castilla del siglo XIV. Se declaraba admiradora de su tatarabuela María del Pilar Cayetana de Silva-Álvarez de Toledo, nacida en 1762, quien tampoco fue una mujer convencional para su época. De la segunda duquesa de Alba se cuenta que fue una de las grandes inspiraciones de Francisco de Goya en el siglo XVIII. Dos de las grandes obras del artista, La maja vestida y La maja desnuda, llevan el rostro de aquella Cayetana y los rumores no confirmados sobre una relación extramarital con el pintor aragonés escandalizaron a la sociedad de la época.

Fotografía de archivo, de la duquesa de Alba con la reina Sofía, ante el cuadro 'Retrato de la Duquesa de Alba de blanco' de Goya. EFE

Una antigua dolencia de espalda provocada por la caída de un caballo la obligó a pasar por el quirófano en 2007. Mas tarde, en marzo de 2009 se le implantó una válvula en el cerebro a causa de una hidrocefalia. En 2013 una caída en Roma, que le provocó rotura de fémur, sembró la inquietud sobre su salud, que se fue debilitando en los últimos meses a causa de un virus estomacal que la apartó de la Feria de Abril 2014 a pesar de sus deseos de asistir. Tampoco pudo estar en la ceremonia de proclamación de Felipe VI.

El 11 de junio de este año se sometió a una revisión rutinaria de la válvula que le fue implantada en 2009. En la noche del 16 de noviembre, ingresó en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de la Clínica Sagrado Corazón de Sevilla, afectada por una gastroenteritis, una neumonía y una arritmia cardiaca. La aristócrata fue trasladada, "por expreso deseo de la paciente y de sus familiares", a su domicilio sevillano. Una vez en Dueñas y hasta su fallecimiento, Cayetana Fitz-James Stuart recibió atención médica por parte del equipo de profesionales que la ha atendido durante su permanencia en el Hospital Quirón Sagrado Corazón, así como por el equipo de médicos y de enfermería que venían atendiéndola hasta su ingreso.

El cadáver de la duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart, será incinerado y sus cenizas serán depositadas bajo el Cristo de los Gitanos, en el altar mayor de la capilla de esta hermandad de Sevilla. El templo de los Gitanos, ubicado en la calle Verónica, en pleno casco antiguo de Sevilla y cerca del palacio de la Dueñas, de la familia Alba, fue financiado por la duquesa fallecida. Todas las madrugadas del Jueves Santo, cuando sale en procesión por las calles de Sevilla el Cristo de los Gitanos, pasa por delante del palacio de la Dueñas y salvo en contadísimas excepciones, la Duquesa fallecida siempre salía a recibirlo, le colocaba un ramo de flores y se cantaba una saeta. Después proseguía la procesión.