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Muere el escritor de la ironía y el compromiso Mario Benedetti

Fallece en su casa de Uruguay a los 88 años. Plasmó su genialidad en poesía, novela y cuento

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'Después de todo la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida'  (Mario Benedetti)

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La fatídica noticia no ha tardado en llegar. Hace una semana los informes que llegaban desde Montevideo hablaban de un empeoramiento de la salud del escritor y ayer Mario Benedetti, que nació en la ciudad uruguaya de Paso de los Toros hace 88 años, murió en el Hospital Impasa de Montevideo por la enfermedad pulmonar que le traía y le devolvía del hospital en los últimos años. 

Hace algo más de una semana José Saramago escribía una entrada en su blog dedicada a Mario Benedetti: “Qué era, en verdad, Mario Benedetti, qué había sido él en toda su vida, mucho más que las múltiples profesiones ejercidas? Poeta. Entonces arranquemos sus poemas de la inmovilidad de la página y hagamos con ellos una nube de palabras, de sonidos, de música, que atraviesen el mar atlántico (las palabras, los sonidos, la música de Benedetti) y se detenga, como una orquesta protectora, delante de la ventana que está prohibido abrir, acunándole el sueño y haciéndolo sonreír al despertar”.

La iniciativa mantuvo con vida en el recuerdo de los lectores del autor de Con y sin nostalgias (1977). A todos ellos les tenía acostumbrados a una prosa que respetaba las leyes impuestas por su poesía y hacía de sus novelas ejercicios de concisión, sencillez y oralidad.

La de Benedetti, la literatura que quedará para siempre, es un ejercicio directo y sin titubeos, un trayecto que recorre firme lo que quiere ser dicho y lo que se dice. Lo mismo en sus cuentos, donde adelgazaba todo lo que podía el lenguaje, esquilmando adjetivos, despellejando la retórica y dejando paso al adverbio, al sustantivo y al verbo. La literatura en los huesos.

Ya desde trabajos como Buzón de tiempo (1999) existe la reflexión y preocupación por el paso del tiempo, mirando siempre lo que quedó atrás, a lo vivido, pasado y transcurrido. Pero nunca con nostalgia, siempre con ironía. Y la ternura. Eso es un buzón de tiempo a fin de cuentas, un lugar en el que echar todo lo pasado sin rencores. De Benedetti recordaremos la capacidad de hacer literatura con los hilos de la cotidianidad: “Esto más que un tiovivo parece un tiobobo”.

“Yo no sé si Dios existe, pero si existe, sé que no le va a molestar mi duda”.

“Aquel gol que le hizo Maradona a los ingleses con la ayuda de la mano divina es, por ahora, la única prueba fiable de la existencia de Dios”.

“Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo”.

“En ciertos oasis, el desierto es sólo un espejismo”.

“Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio”.

“Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”.

“Contra el optimismo no hay vacuna”.