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La muerte es una fórmula matemática

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Mucho se ha escrito sobre la muerte. Literatos y filósofos se han extendido desde antiguo para explicar su esencia y su sentido. Y, sin embargo, cuatro peritos del juicio por el crimen de Fago se han bastado ellos solos este miércoles para reducirlo todo a un par de fórmulas matemáticas.

La primera la expusieron los dos médicos forenses que realizaron la autopsia al cadáver del alcalde de esta pequeña localidad oscense.

Fue en el momento en el que ambos peritos explicaron al Tribunal cómo habían deducido que el asesino se encontraba a siete metros de distancia de la víctima cuando disparó. 'Había una distancia de 22 centímetros entre los orificios de entrada más distantes. Si se divide esa cantidad por tres el resultado es siete, así que la distancia fue de unos siete metros'. Una simple división al alcance de cualquier crío.

El asesino se encontraba a siete metros de distancia de la víctima cuando disparó

La segunda fórmula es más compleja y las expusieron dos expertos en biología del servicio de criminalística de la Guardia Civil cuando intentaban explicar por qué estaban tan seguros de que una parte importante de los restos biológicos encontrados en el coche de la víctima pertenecían sin género de dudas al principal acusado, el guarda forestal Santiago Mainar.

Al parecer, en el volante, la palanca de cambio y el freno de mano del vehículo de la víctima, que apareció días después del crimen oculto entre arbustos a bastantes kilómetros de distancia del lugar donde fue asesinado su propietario, aparecían mezcladas células epiteliales de éste y de Mainar.

Cuando se les preguntó qué porcentaje de fiabilidad tenía su conclusión se remitieron a la siguiente: 8,44 por 10 elevado a la 16. Es decir, que la posibilidad de que esa mezcla de ADN fuera, como afirmaban, de Grima y Mainar era 8.000 billones de veces más elevada que del alcalde y una tercera persona. Como para dudar.