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La muerte de Kim en Corea del Norte hace temblar a su vecina del sur

Seúl cree que si muere miles de personas tratarán de salir del país por lo que temen que eso haga resentirse a su economía

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La enfermedad aparentemente grave del líder norcoreano, Kim Jong-il, ha insuflado nueva vida a los planes que desde hace tiempo tienen las potencias regionales para preparar el momento en el que pierda su férreo control sobre el estado comunista. El aislado país del norte de la península de Corea ha asegurado esta semana que toda va bien al mostrar a su líder, del que se rumorea que sufrió una apoplejía en agosto, activo y en el cargo.

Su supuesta enfermedad ha llevado a Washington, Seúl y otros a contemplar de nuevo el riesgo de un éxodo masivo de los norcoreanos tras el fallecimiento de Kim, de 66 años, cuyo difunto padre es presidente eterno y desarrolló un liderazgo de culto que ha imperado en el país durante 60 años.

El Sur teme que su poderosa economía se vea gravemente afectada si tiene que absorber al Norte, empobrecido y fuertemente armado. El coste podría superar el billón de dólares, aproximadamente el tamaño de la economía surcoreana. 'Los planes de contingencia han salido a la superficie y se han convertido en algo de lo que discutimos abiertamente', dijo uno de los responsables del Gobierno surcoreano, que pidió no ser identificado.

Es complicado especular con la forma en que reaccionará la élite del Norte y su millón de soldados, que cuenta con artillería apuntando a Seúl, a la que los medios estatales norcoreanos habitualmente prometen reducir a escombros.

En los años 90, Washington y Seúl comenzaron a redactar planes para un eventual colapso del Norte. Pyongyang calificó esos planes de 'provocación intolerable' que mostraba una intención de invasión. Eso bastó al presidente de izquierdas surcoreano, Roh Moo-hyun, para poner fin a la cooperación con Estados Unidos en este tema cuando llegó al poder en 2003 con una política de estrechar lazos con su vecino.

Roh fue sustituido en febrero por el conservador Lee Myung-bak, que prometió endurecer su postura con el Norte y restaurar los lazos con su aliado estadounidense, socavados con su predecesor. Los medios surcoreanos dijeron que Washington se acercó al Gobierno de Lee el mes pasado para ayudar de nuevo a establecer un plan de acción en caso de que Kim caiga. Los planes de contingencia de Corea del Sur, filtrados hace tres años, estimaban que el Norte podría tomar el Sur en 16 días si no hay ayuda estadounidense.

 Si el Gobierno de Kim Jong-il cayera de repente, Seúl intentaría establecer oficinas de emergencia en el Norte para reconstruir su economía. El aislamiento del Norte supone que el mundo tiene poca idea de quién podría sustituir a Kim si muriera.

Kim está rodeado de un círculo estrecho de 70 u 80 estrechos colaboradores que se cree que son demasiado viejos para desafiar su poder.