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Las mujeres reclaman su espacio para resolver la crisis económica

La agenda del feminismo propone aprovechar la situación para repensar el modelo social

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'Si un niño tiene hambre, no dice ‘Papá, tengo hambre', sino ‘Mamá, tengo hambre'. La frase, pronunciada este viernes por la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, resume por qué las mujeres reclaman que se cuente con ellas para resolver la actual crisis económica mundial. Pajín participó en la clausura del congreso La Agenda del Feminismo en el siglo XXI, que con motivo del 25 aniversario del Instituto de la Mujer reunió durante dos días en Madrid a expertos internacionales, invitados a definir la agenda feminista del presente siglo.

Las mujeres pueden aportar un talento a la sociedad, a las empresas y, en definitiva, a la economía, algo que, hasta ahora, ha sido relegado. Además, bajo su condición reproductiva y de cuidadoras, ellas tienen mucho que decir, ya que ambas tareas son básicas para el desarrollo económico.

Por este motivo, el gran reto de la economía y del feminismo en el siglo XXI, según resume una de las conclusiones del congreso, es 'lograr la conciliación de las distintas formas de trabajo, para llegar a un desarrollo equitativo en la sociedad'.

A pesar de que los asistentes al congreso reconocieron que en los últimos años se han producido 'importantes' avances para lograr la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, también recordaron el camino que aún queda por recorrer: la presencia femenina en los órganos de decisión es todavía minoritaria.

Una realidad que una de las ponentes, la abogada y escritora argelina Wassylia Tamzalia, ejemplificó con un dato: sólo ocho mujeres en el mundo, de un total de 180 Estados, gobiernan sus países.'No se puede derrochar el talento, la valía y el buen hacer de la mitad de la población', recogió el documento de conclusiones.

De ahí que los participantes reclamaran la actual crisis económica como una 'buena oportunidad para repensar el modelo de organización social y revertir la situación de desigualdad entre hombres y mujeres'.

Los asistentes al congreso concluyeron que, sin la incorporación plena de las mujeres al empleo, se pierde capacidad productiva y PIB, ya que, según afirmaron, 'las economías más igualitarias son las más desarrolladas económicamente y las más productivas'.

El congreso no se olvidó de que muchas de estas reclamaciones difieren entre los países del primer y tercer mundo, aunque coincidieron en señalar que la agenda del feminismo es global y que las estrategias deben ser las mismas.

En este sentido, la directora regional de Unifem (el fondo de la ONU para la mujer) para el Sur de África, Nomcebo Manzini, reivindicó una perspectiva de género en la ayuda al desarrollo. Y reclamó además que la financiación de los países del primer mundo debe estar condicionada a que los países que reciben esta ayuda apliquen igualdad de género en el reparto.

Entre los asuntos pendientes de las mujeres que también recogió la agenda del feminismo destacó el fin de la violencia de género. Y se apuntó, incluso, que este problema se visibilizaría más si se incluyeran las muertes en los partos, las muertes por enfermedades evitables, como el VIH, o los suicidios de las mujeres cuando viven situaciones extremas y sienten que ya no queda salida.