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"Las mujeres son las mayores víctimas de la guerra"

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'Esta es una historia de la salvación de las mujeres en la guerra a través de ellas mismas'. Así definió la escritora china Geling Yan su libro Las flores de la guerra cuando se publicó en España hace un año. Ahora su novela se ha convertido en la mayor producción del cine chino de todos los tiempos, una película firmada por el cineasta Zhang Yimou, con la que se rinde homenaje al coraje, la humanidad, generosidad y solidaridad femeninas. Con el británico Christian Bale a la cabeza de un reparto asiático, el filme corrobora las palabras de la autora de la historia -'Las mujeres son las mayores víctimas de la guerra'- , pero también muestra el instinto solidario de éstas, un impulso que las convierte en heroínas. 'Las mujeres han sido más fuertes y fiables que los hombres en la mayoría de los momentos de agitación de la historia'.

Yimou: 'Las mujeres son más fiables que los hombres en los momentos de agitación de la historia'La película, que se estrena este viernes, Día Internacional de la Mujer, recupera un capítulo de la masacre de Nanjing, uno de los episodios desgraciadamente más célebres de la segunda guerra entre China y Japón. En diciembre de 1937, el Ejército Imperial Japonés entró en la ciudad, capital entonces de la República China, y la convirtió en un infierno. Durante seis semanas, Nanjing fue escenario de asesinatos, ejecuciones de prisioneros de guerra, violaciones, saqueos, incendios... atrocidades de todo tipo cometidas contra niños, ancianos, mujeres... civiles y militares. En medio del horror, un grupo de niñas se refugió dentro de una iglesia católica, hasta donde llegaron también las prostitutas del burdel de ese barrio. Estas mujeres se ofrecieron a sustituir a las menores cuando éstas estaban a punto de convertirse en víctimas del violento deseo sexual de los soldados nipones.

'La masacre de Nanjing es bien conocida por el pueblo chino. Vemos películas o series de televisión sobre ella prácticamente cada año. Pero esta novela me gusto más, porque es un relato sobre humanidad, una historia que toma un punto de vista femenino. Eso es lo que la hace única', dice el cineasta Zhang Yimou, que empezó a imaginar el filme cuando preparaba las ceremonias de apertura y clausura de los Juegos Olímpicos de Pekín.

Los personajes femeninos no han sido los principales del cine bélico, pero, cuando lo han conseguido, casi siempre han destacado

Autor de un cine marcado con un sello personal e íntimo, con películas como Sorgo rojo (Oso de Oro en Berlín), La semilla del crisantemo (Mejor Director en Cannes), Qiu ju, una mujer china o Ni uno menos (León de Oro en Venecia), Yimou ha firmado también producciones comerciales como Héroes o La casa de las dagas voladoras. En todas ellas, la decisión de imprimir cierta poética a través de la belleza de las imágenes es un elemento común, un factor recurrente en su cine que aparece también aquí, donde resulta especialmente impactante. En Las flores de la guerra Yimou rodea de belleza y poesía el horror de aquel conflicto.

Aunque una de las imágenes más famosas de la historia del cine es la de una mujer víctima en una guerra -la madre de la Escalera de Odessa en El acorazado Potemkin-, los personajes femeninos no han sido los principales del género bélico. Sin embargo, los que excepcionalmente han ocupado esta posición han destacado casi siempre por su capacidad de sacrificio y por su valentía. Ahí está, en 1926, La madre, de Vsévolod Pudovkin, película muda que llevaba al cine la novela de Gorky, con la desgarradora interpretación de Vera Baranovskaya en el papel de esa campesina que sufre por su marido y su hijo en medio de las revueltas obreras de la  Revolución de 1905.

'El sexo era usado como parte de una estrategia bélica para humillar a las mujeres'

Desde entonces a hoy, muchos han sido en el cine los retratos de mujeres en la guerra con el doble papel de víctimas y heroínas. Jasmila Zbanic  ganó el León de Oro en Berlín con Grbavica (2006), película que mostraba las consecuencias de una de las mayores barbaries cometidas en los conflictos más recientes, las violaciones sistemáticas a las mujeres en zonas de guerra. El filme se refería a las mujeres bosnias. 'En 1992, todo cambió y me di cuenta que estaba viviendo una guerra donde el sexo era usado como parte de una estrategia bélica para humillar a las mujeres y así causar la destrucción de un grupo étnico. 20.000 mujeres fueron violadas durante la guerra', recordaba la directora a propósito del estreno de su película. En España, un año antes Isabel Coixet había abordado este mismo tema en La vida secreta de las palabras.

Recientemente, una gran película subrayaba esa condición histórica de las mujeres como víctimas de la guerra. Incendies (2010), adaptación de la obra de teatro de Wajdi Mouawad firmada por Denis Villeneuve, apostaba por desprenderse del odio y de la ira recibida de generación en generación y librar así de sufrimiento a las víctimas de ello, las mujeres. Mujeres que en esta ficción también son creadoras del consuelo, de la necesidad de la paz, de la reconciliación con el pasado y con la identidad.

[Fotograma de la película Incendies, de Denis Villeneuve]

En otro tono, pero caminando en idéntica dirección, se mueve el cine de la directora libanesa Nadine Labaki, quien con su segunda película, ¿Y ahora adónde vamos? (2011), insiste en el papel activo por la paz de las mujeres en zonas de conflicto. 'Unidas por una amistad inquebrantable, esas mujeres sólo tienen un objetivo: distraer la atención de los hombres y hacer que se olviden de su cólera y de su indiferencia', explicaba refiriéndose a los personajes de su película, con la que ganó el Premio a Mejor Película (premio del público) en el Festival de Toronto, Premio del Público a Mejor Película Europea en San Sebastián y el máximo galardón en el Festival Mujeres en Dirección.

Estos títulos son todos producciones de este siglo XXI y se refieren a los conflictos más recientes, pero ya el siglo pasado dejó en la gran pantalla grandes personajes femeninos para la historia, especialmente de relatos ambientados en la II Guerra Mundial. En 1957, el cineasta soviético Mijaíl Kalatózov firmó Cuando pasan las cigüeñas, una triste reflexión acerca de las mujeres que esperan a sus hijos, compañeros, padres que han ido a la guerra, que conquistó la Palma de Oro en Cannes.

En Camino al paraíso (1997), de Bruce Beresford, se contaba la historia real de un grupo de mujeres supervivientes en un campo de concentración en Sumatra en la II Guerra Mundial. Un reparto de lujo jugaba a favor del filme, con Glenn Close a la cabeza, acompañada por Frances McDormand, Pauline Collins, Cate Blanchett, Jennifer Ehle y Julianna Margulies, entre otras.

Especialmente demoledores son los relatos de mujeres que aparecen en la impresionante Paisà (1946), de Roberto Rossellini, ambientada también en aquella guerra. Conflicto que Vittorio de Sicca retrató en Dos mujeres (1960), con la que Sophia Loren [en la imagen], en su papel de madre que huye con su hija de los nazis, conquistó el lugar más alto de su carrera. Inolvidable también Audrey Hepburn en Historias de una monja (1959), de Fred Zinnemann, donde interpretaba el papel de una mujer decidida a no permanecer neutral y a luchar contra la barbarie.

No es habitual que las mujeres sean protagonistas en el cine, mucho menos si no interpretan personajes que sufren extremadamente, muchas veces rozando lo grotesco. Así que ver en películas de guerra a mujeres luchadoras, decididas, valientes... o sea, con los elementos que se repiten para los héroes masculinos, es una auténtica rareza. En España, sin embargo, algunos episodios de la Guerra Civil han dejado espacio para construir a esas heroínas de envergadura.

Vicente Aranda lo hizo en Libertarias (1996), que contaba la historia de una monja que huye del convento al comienzo de la guerra y se encuentra con un grupo de milicianas anarquistas, Mujeres Libres, con las que se va al frente del Ebro. Ana Belén, Victoria Abril, Ariadna Gil, Laura Mañá...  eran las actrices para esta historia, en la que esta última intérprete, desde su personaje de Concha, pronunciaba un emblemático discurso, en el que gritaba: '¡Vivan las mujeres libres!'  José Luis Guarner y Antonio Rabinad firmaban con Aranda el guion.

Un año antes, en 1995, el cineasta británico Ken Loach recuperó en Tierra y libertad la memoria de las mujeres que lucharon junto a sus compañeros en el bando republicano de la guerra, en la milicia del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM).

Fuera del campo de batalla, destaca el personaje de Carmela, de la adaptación al cine que hizo en 1990 el maestro Carlos Saura de la obra de Sanchís Sinisterra. ¡Ay, Carmela!, ganadora de trece premios Goya, es la celebración del valor y del ímpetu de una mujer en la que el miedo no puede a la dignidad.