Publicado: 11.12.2013 10:39 |Actualizado: 11.12.2013 10:39

Multitudinario adiós popular en Pretoria al cuerpo sin vida de Mandela

El ataúd estará expuesto en una sala que, desde este miércoles, toma el nombre de anfiteatro Mandela, por decisión del actual presidente sudafricano, Jacob Zuma.

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Miles de personas dijeron este miércoles adiós en Pretoria al cuerpo sin vida de Nelson Mandela, en el primer día de visitas a la capilla ardiente instalada en los Union Buildings, sede del Gobierno de Sudáfrica bautizada ahora con el nombre del expresidente.

Una multitud de ciudadanos peregrinó frente al féretro de Madiba -como se conoce a Mandela en su país- en los Union Buildings, adonde el ataúd fue conducido por un cortejo fúnebre que le llevó allí desde el Hospital Militar 1 de la capital sudafricana.

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Antes del velatorio popular, centenares de dignatarios y miembros de la familia Mandela presentaron sus respetos ante el féretro del antiguo activista contra el "apartheid". El último presidente de ese régimen racista, Frederik de Klerk, así como los jefes de Estado de Zimbabue, Robert Mugabe, y de Sudán, Omar Hassan Al Bashir, fueron algunos de los líderes internacionales presentes en este primer día de capilla ardiente, que volverá a abrirse al público el jueves y el viernes.

La viuda de Mandela, Graça Machel, llegó al complejo gubernamental junto al actual presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, y a la segunda esposa de Madiba, Winnie Madikizela-Mandela, vestidos todos rigurosamente de negro. Quienes quisieran despedirse de Mandela debían llegar a la sede del Gobierno con los autobuses habilitados por la organización, lo que evitó colas y aglomeraciones a la entrada de la capilla ardiente.

Sí hubo esperas largas en el punto de salida de los autobuses en el oeste de Pretoria, donde miles de personas desafiaron al intenso calor para no perder la ocasión de ver los restos de Mandela.

"Llevamos horas aquí, pero vale la pena porque así podremos ver a Mandela", dijo a Efe Thuli Gumede, en una de las colas para subir a los autobuses, presididos en la luna delantera por carteles con la cara de Mandela facilitados por los periódicos locales. "Queremos mandarle un abrazo a 'mama Winnie' y 'mama Graça'", añadió esta vecina de Pretoria, en referencia a las que fueran mujeres de Madiba.

Entre los cánticos de la lucha contra el "apartheid" que entonaban muchos de sus ocupantes, esos mismos autobuses llegaron después a los edificios del Gobierno, en cuyo patio central descansaban los restos de Madiba, flanqueado por guardias de honor vestidos de blanco.

Una fila, interminable pero fluida, pasaba brevemente junto al cuerpo sin vida de Mandela, vestido con una de sus características camisas coloridas. Los soldados y policías sudafricanos que se acercaron a la capilla ardiente hacían una reverencia al pasar junto al féretro, mientras sus compañeros de servicio ayudaban a desplazarse a las personas mayores o inválidas.

"He venido porque es parte de nuestra historia, y porque es el hombre que puso a trabajar mano a mano a blancos y negros en este país", contó el expolicía blanco Brandon Labuschagne, que en 1994 integró la guardia de honor de la ceremonia de investidura de Mandela como presidente en los mismos Union Buildings.

Ya en las escaleras de salida, en la explanada de la montaña sobre la que se alza el recinto y con las excelentes vistas de la ciudad en la que en 1964 condenaron a cadena perpetua a Mandela, muchos lloraban."Es muy triste ver yaciendo a nuestro héroe, especialmente cuando sabemos que no habrá nadie como él", dijo Fortunate Baloyi, que regresaba a casa del velatorio, donde acudió con su sobrina.

"Tenía la cara muy maquillada e hinchada, no lo he reconocido", explicó Baloyi a los pies de la colina, mientras el río de visitantes no se detenía detrás de la baranda marrón del recinto de estilo colonial que alberga al Ejecutivo sudafricano.Al término de la ceremonia, el féretro de Madiba regresó como había venido, escoltado por agentes motorizados, al Hospital Militar 1 de Pretoria.

Desde allí volverá a recorrer el jueves a primera hora las calles de la capital, para volver a descansar en la que fuera sede del poder del régimen racista al que combatió Mandela, en un nuevo día de tributos de los sudafricanos.

La capilla ardiente de Mandela, abierta al público en Pretoria