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En el Mundial de Sudáfrica, el Rey ha muerto, viva el Rey

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Por Carlos Castellanos

La impactante noticia se extendió rápidamente a todos los rincones del planeta, causando estupor y sorpresa. La incredulidad se apoderó de gran parte del público que confiaba en su salvación, pero no. Ayer el rey... el rey del mundo respiró su último aliento en el Mundial de 2010.

Algunos intuían que su enfermedad era grave, incluso había sospechas de que podía ser terminal, pero otros creíamos equivocadamente que conseguiría levantarse como tantas veces en el pasado para librar nuevas batallas. Ayer, Italia quedó eliminada de la Copa del Mundo.

La selección transalpina no queda fuera de un Mundial en la primera ronda desde el campeonato jugado en Alemania Federal en 1974, cuando cosechó una victoria por 3-1 frente a Haití, un empate 1-1 con Argentina y una derrota ante Polonia por 2-0. En aquel equipo jugaba Fabio Capello. Desde entonces, en ocho citas, "la azzurra" ha sido campeona dos veces, finalista en otra ocasión y semifinalista en dos oportunidades.

Después de la coronación de Italia en 2006, el seleccionador Marcello Lippi anunció su retirada. Entonces, el campeón del mundo entregó la dirección del equipo a Roberto Donadoni, que procuró distanciar a La Nazionale de su juego calculador y medido de siempre. Su intento no tuvo un final feliz y la Federación recurrió nuevamente al hombre que llevó a los italianos al mayor éxito posible, y Lippi aceptó.

En la fase de clasificación, así como en los amistosos previos, Italia no mostró una buena cara, pero eso no extrañó a nadie. Cuando comenzó el torneo, "la azzurra" continuó en una línea de juego gris y no fue capaz de pasar del empate frente a Paraguay y Nueva Zelanda pero se detectaban leves síntomas de recuperación: la visión de Riccardo Montolivo, la presencia, lucha y pericia de Daniele De Rossi y los buenos delanteros como Antonio Di Natale, Fabio Quagliarella, Gampaolo Pazzini, Vincenzo Iaquinta y Alberto Gilardino. A esos factores había que añadir la vuelta prevista de Andrea Pirlo, el creador de juego.

Italia, además, nos tiene acostumbrados a comienzos titubeantes y finales heroicos, como en 1982 en España, cuando empató sus tres partidos del grupo inicial y acabó siendo campeón.

Sin embargo, llegó el decisivo encuentro ante Eslovaquia e Italia seguía moribunda. Se mostraba incapaz de hilvanar el fútbol que necesitaba, perdía la pelota con facilidad y daba la sensación de que, por mucha experiencia que tuvieran sus hombres, los nervios paralizaban la mente y el cuerpo.

En el descanso, Italia perdía 1-0 y Lippi reaccionó retirando a Gennaro Gattuso para introducir a Quagliarella por primera vez en el torneo. El delantero de la Sampdoria mereció más minutos en este Mundial. Poco después, se apartaron las nubes y los rayos del sol iluminaron a la selección italiana con la entrada de Pirlo por Montolivo.

Enseguida, y prácticamente con un 4-2-4 en el campo, empezaron a llegar las ocasiones que antes brillaron por su ausencia. Pirlo ocupó el centro del mediocampo con De Rossi, Simone Pepe se movió por la derecha, Quagliarella lo hizo por la izquierda y Di Natale e Iaquinta se colocaron en punta.

A partir de ese momento, todo tenía más sentido mientras Pirlo ponía el buen criterio y la circulación de la pelota. Pero no se puede jugar apenas 10 minutos y ganar un partido. Eso fue lo que pretendió Italia.

Cuando Robert Vittek marcó el 2-0 para Eslovaquia, parecía que el destino de los transalpinos estaba escrito, pero en el peor momento apareció el orgullo y la fe del campeón que tanto se echó en falta durante casi tres encuentros completos.

Primero Di Natale acortó distancia y después Quagliarella vio como su gol salvador era anulado por un estrechísimo fuera de juego. Cuando la clasificación parecía posible, un despiste más de tantos producidos a lo largo del compromiso en la línea defensiva concedió el 3-1 a los eslovacos. Era el minuto 89 y el campeón agonizaba. Pero en un último gesto de rebeldía y resistencia, Italia logró el 3-2 y muy cerca estuvo de conseguir el empate en el tiempo de descuento que le hubiera mantenido con vida.

El silbato final sonó como una marcha fúnebre para el rey caído pero se escuchó como la más dulce de las melodías en filas eslovacas.

El campeón de cuatro años atrás y el vicecampeón, Francia, eran eliminados en la fase de grupos por primera vez en la historia de los Mundiales.

Ahora se vuelve a marchar Lippi y entra en escena el hasta ahora entrenador de la Fiorentina, Cesare Prandelli. Con Lippi se irá la vieja y gloriosa guardia de Fabio Cannavaro, Gianluca Zambrotta, Gennaro Gattuso y Mauro Camoranesi, y aunque el futuro es incierto, por fin llegará la renovación tan necesaria y reclamada durante tanto tiempo.

Es la hora de Mario Balotelli, Ignazio Abate, Antonio Candreva y Sebastian Giovinco. Pero eso será en Brasil en 2014. Por ahora, sólo cabe proclamar: "El Rey ha muerto, viva el Rey".