Publicado: 01.11.2009 08:00 |Actualizado: 01.11.2009 08:00

El muro de 'Little Berlin'

Los vecinos de Mödlareuth, una pequeña aldea en la frontera entre Baviera (RFA) y Turingia (RDA), vivieron con su propia valla disuasoria durante 23 años

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Millones de alemanes pasaron el 9 de noviembre de 1989 pegados al televisor. Excitación y alegría, pero también escepticismo y miedo. ¿Eran reales las imágenes de una multitud que echaba abajo a martillazos el Muro de Berlín sin que las autoridades orientales intervinieran?

Karin Mergner también estuvo pegada al televisor. Pero a 50 metros de su casa otro muro seguía en pie, y nadie iba a por herramientas. La señora Mergner es uno de los 19 habitantes de la parte bávara de Mödlareuth, un pueblecito situado exactamente a la misma distancia de Múnich que de Berlín, 300 kilómetros. El otro lado pertenece al Estado oriental de Turingia, y tiene hoy 33 vecinos.

«Había dispositivos de disparo automático con un cable sensor»

En 1966 sucedió aquí lo mismo que en Berlín cinco años antes: las autoridades de la RDA levantaron un muro, de 700 metros de longitud. "Llegué aquí en mayo porque me casé, y en agosto construyeron el muro", cuenta. A partir del día siguiente, Mergner pasaría 23 años sin ver el otro lado del pueblo.

Toda frontera es en realidad absurda, y pocos lugares son tan ilustrativos en este sentido como Mödlareuth. A remolque de las guerras napoleónicas, el Reino de Baviera empezó a administrar la parte occidental en 1810, mientras el otro lado quedó bajo la soberanía de Reuss, un pequeño principado de Turingia. El Tannbach, un arroyo que recorre Mödlareuth, fue declarado línea divisoria.

En noviembre de 1944, el Protocolo de Londres fijó los límites entre las zonas de ocupación, basados en fronteras históricas. Y así, alrededor del Tannbach, una división que sólo existía sobre el papel fue adquiriendo unas dimensiones visuales insospechadas, al final grotescas.

Sólo una persona logró superar la valla con la ayuda de una escalerilla

En mayo de 1952, Mödlareuth Este creó la primera zona de paso restringido, un área de cinco kilómetros cuadrados. Una línea de 500 metros a lo largo del arroyo estaba vigilada día y noche. De repente, los salvoconductos para pisar esa zona ya no valían. Mala suerte para los campesinos de la parte occidental con cultivos al otro lado. Y mala suerte para Siegfried Seidel, un anciano que sigue hoy sin el graduado escolar porque su colegio estaba en el este de Mödlareuth. Sólo le faltaban dos meses para obtener el certificado cuando construyeron el muro.

La nueva situación también supuso todo un drama para los hermanos Goller. Habitaban el mismo pueblo, pero Max vivía en Baviera y Kurt en la casa paterna en Turingia. Las dos estaban a una distancia de 80 metros, pero cuando Kurt quería visitar a Max, tenía que dar un rodeo de 80 kilómetros. No había paso fronterizo en Mödlareuth.

El peligro mortal llegó con las nuevas instalaciones fronterizas. "Había dispositivos de disparo automático con un cable sensor. Eran unos embudos rellenos de pólvora, explosivo y piezas de metal", explica Ulrich Grünzner, quien patrulló en el lado bávaro de Mödlareuth entre 1972 y 1979 como policía fronterizo. Hoy Grünzner es el alcalde de Töpen, el municipio al que pertenece la parte oeste.

Corzos y otros animales salvajes pisaban el cable y la explosión perturbaba la paz nocturna de la señora Mergner. "Sucedía a menudo. Recuerdo el olor, y las columnas de humo", dice. Los gansos del estanque que hay a pocos metros de las vallas tuvieron más suerte, porque lograban pasar al otro lado volando. Lo peor que les podía pasar fue que los vecinos honestos los devolvieran a su país de origen con un enérgico lanzamiento por encima del muro.

A lo largo de la existencia de la valla hubo varios heridos. Robert Lebegern, director del Museo de Mödlareuth, que completa hoy la atracción turística de las antiguas instalaciones, explica que "los únicos muertos fueron dos soldados alemanes que intentaron pasar ilegalmente a la zona soviética en otoño de 1945".

La única fuga con final feliz fue la del vecino de un pueblo cercano, que logró poner pie en Baviera con una escalerilla portátil que colocó sobre la baca del coche. "Una vez arriba, las tropas fronterizas le descubrieron con los focos. Pero cuando empezaron a disparar, él saltó", relata Lebegern.

El historiador opina que no todos los muros son iguales. "Lo importante no es el aspecto del muro, sino hacia dónde va dirigido. El muro alemán no era una pared de defensa antifascista y no estaba orientado contra el mundo occidental, sino contra el Este y la propia población", explica.

Por eso, hay que ser precavidos a la hora de compararlo con las vallas divisorias entre Israel y los territorios ocupados o el muro que separa México de Estados Unidos. Cuando George Bush padre visitó Mödlareuth en 1983 como vicepresidente lo vio claro en seguida: "¡Esto es Little Berlin!", exclamó.

El muro no cayó aquí hasta el 9 de diciembre, un mes después de la noche histórica en Berlín. El alcalde Grünzner y la señora Mergner estuvieron entre los vecinos que reclamaron el derribo, apostados día y noche con velas en sus inmediaciones. "Nos emocionamos mucho al saludar a conocidos del otro lado", recuerda Mergner.

Veinte años después, el este y el oeste de Mödlareuth siguen teniendo códigos postales y prefijos telefónicos diferentes. Los bávaros hablan alto francón, y sus vecinos turingio suroccidental. Los primeros se saludan con "Grüss Gott!" y los segundos con "Guten Tag!". Pero todos se sienten vecinos del mismo pueblo. "Incluso cambiamos la manera de rodar las erres, para entendernos mejor", asegura la señora Mergner.