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El Museo Británico recupera a Babilonia como realidad y mito

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En menos de un siglo, entre los años 605 a 539 antes de Cristo, Babilonia (actual Irak) pasó de ser la potencia dominadora de esa parte del mundo a quedar sometida al imperio persa, para no volver a recuperar nunca más su perdida independencia.

A ese período, que cubre la construcción de fabulosos edificios en la capital mesopotámica, el saqueo de Jerusalén y la deportación de los judíos hasta la conquista de Babilonia por Ciro, dedica una exposición el Museo Británico en colaboración con el Louvre y los Staatliche Museen, de Berlín.

La muestra permanecerá abierta del 13 de noviembre al 15 de marzo de 2009.

Menos ambiciosa desde el punto de vista estrictamente arqueológico que las organizadas por esos otros dos museos, la de Londres intenta, según explicaron a Efe sus comisarios, interesar al visitante ofreciéndole "una narrativa que combina mito y realidad".

Antes de las investigaciones arqueológicas en los siglo XIV y XX, todo lo que se sabía de Babilonia era a través de la Biblia o gracias a las narraciones de historiadores griegos como Herodoto.

Y el resultado fue una Babilonia rodeada de leyendas, sobre todo negativas, perpetuadas a lo largo de los siglos como la relativa a la confusión de las lenguas como castigo a la soberbia humana en Babel, la supuesta locura de Nabucodonosor o el llamado festín del rey Baltasar.

El Museo Británico ha reunido 104 objetos -un 40 por ciento de sus propios fondos- que van desde importantes piezas arqueológicas hasta pinturas y grabados de artistas de diferentes siglos que se inspiraron en aquellas leyendas.

La exposición se abre con los paneles de ladrillo vidriado de la famosa puerta de Ishtar y de la vía procesional con sus imágenes de leones y dragones y una reconstrucción del propio palacio de Nabucodonosor.

Hay también importantes tabletas cuneiformes que documentan hechos históricos, con listas de plantas o los sistemas de regadío utilizados, incluido un acueducto, aunque, según explican los comisarios, no queda hoy ningún resto arqueológico que recuerde los famosos jardines colgantes.

Especialmente importantes son los cilindros fundacionales de algunos edificios con el nombre y el título de Nabucodonosor en algunos de ellos y una estela recientemente excavada en Arabia Saudí que da testimonio de los intentos persas de eliminar toda la memoria del período anterior.

Una sala está dedicada a la torre de Babel con la reconstrucción a pequeña escala del zigurat (torre escalonada) de Etemenkani, palabra sumeria que significa "la fundación del cielo y de la tierra".

El zigurat tiene forma cuadrada, la misma que puede verse en algunas descripciones medievales de Babel hasta que se impuso la forma cilíndrica, popularizada por el conocido cuadro de Pieter Brueghel el Viejo, después de que Cornelis Antonisz Teunissen se inspirase en el Coliseo de Roma para representar la destrucción de la mítica torre.

En otras salas hay obras de William Blake y otros artistas que representan a un Nabucodonosor convertido en animal salvaje o el famoso festín del rey Baltasar con la aparición en una pared de la profética y ominosa leyenda "Mene, Mene Tekel Upharsin", que el profeta Daniel se encargaría de descifrar.

La última parte de la exposición documenta tanto el abuso que hizo del mito babilónico el dictador iraquí Sadam Husein, quien construyó algunos de sus palacios sobre las antiguas ruinas, y el posterior desastre que supuso la ocupación militar de Estados Unidos y sus aliados, que montaron un campamento militar en torno a las ruinas de la milenaria ciudad.

Joaquín Rábago