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La música no acaba de morir, ¡la condenada!

  

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En junio de 2004, una expedición de músicos capitaneada por David Bisbal y Andy & Lucas acudió a La Moncloa para pedir ayuda a un recién investido Zapatero. Le transmitieron un mensaje, impreso en pegatinas y camisetas: 'La música se muere'.

Pocos tragaron. Nunca antes se había escuchado tanta música, ni la asistencia a conciertos había sido mayor, ni la circulación de bandas había sido tan fluida como en este principio de siglo. Los aficionados, hasta los menos avispados, se percataron de que aquella caravana de artistas no estaba preocupada porque la música se muriera (sólo tenían que salir a la calle para darse cuenta), sino por la endeble salud del negocio discográfico.

Cinco años después, lo crean o no, la música sigue viva. Pero hay quien cree que se sigue muriendo (menuda agonía...). Ayer, en la protesta de los profesionales de la música ante el Ministerio de Industria, hasta se guardó un minuto de silencio por ella (casualmente, como si fuera un acto de justicia divina, en ese instante pasó un coche a unos metros con reggaeton a todo trapo).

Es cierto: el negocio discográfico ha sufrido un humillante desmantelamiento en la última década. Es evidente: no se puede celebrar semejante sangría de empleos y empresas. Pero es cuando menos poco elegante enarbolar el nombre de la música cuando se habla de un negocio privado. La música es más que las listas de éxitos.

Cultura o negocio

Convocaba la protesta Promusicae, entidad que representa principalmente a las cuatro grandes multinacionales del sector (mueven el 80% de las ventas). No deja de ser contradictorio que estas compañías apelen ahora al lema de 'La música es cultura' cuando nunca les ha temblado el pulso a la hora de buscar la rentabilidad fácil y rápida. Internet ha logrado en 10 años lo que estos sellos han sido incapaces de conseguir en 30: crear un público cómplice y fiel.

Lo de ayer fue un inquietante déjà vu en el que el sector volvió a demonizar al internauta ('Al ladrón, desconexión', rezaba una pancarta), cuando se ha demostrado que la Red beneficia económicamente a los artistas.

Por eso había pocos músicos ayer en la Castellana, y los que había incluso dudaban del principal lema de la protesta. 'Yo no centraría todo en el pirateo, hay cosas más importantes', afirmó la cantante Conchita. Como, por ejemplo, 'un circuito estable de conciertos o la seguridad social de los músicos', cuestiones de imperiosa necesidad que figuran en la prometida Ley de la Música de Zapatero. Pero estas peticiones quedaron silenciadas por necesidades del guión (y del negocio).