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Nadal, deseoso de continuar en Wimbledon donde lo dejó

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Rafael Nadal aplastó a todos los que se pusieron en su camino en la temporada sobre tierra batida, pero sólo una campaña a todo gas en Wimbledon a partir de la próxima semana sería la prueba inequívoca de que el español ha recuperado todo su poderío.

Desde el momento en el que se convirtió en profesional, Nadal ha sido demasiado superior al resto de jugadores en tierra batida, pero su impresionante actuación en Wimbledon en 2008 le colgó la etiqueta de jugador capaz de poner fin al dominio de Roger Federer.

Después de un mal 2009, Nadal está calentando motores y se ha establecido como objetivo reclamar el título que no pudo defender hace doce meses por una lesión.

Federer, que se ha alzado en seis ocasiones como campeón, se interpondrá en su camino, al igual que el potente estadounidense Andy Roddick y el británico Andy Murray, sin mencionar otros peligrosos tenistas sobre hierba.

No obstante, todas las miradas estarán sobre Nadal para comprobar si puede continuar donde lo dejó en 2008, cuando iluminó la pista central para dejar a Federer confundido entre las sombras.

No hay duda de que el no poder defender el título el pasado año por su lesión en las rodillas fue uno de los peores momentos en la carrera del balear.

"No voy pensando que fui campeón hace dos años", declaró Nadal en el torneo de Queen's la semana pasada, donde ganó un par de partidos antes de caer ante su amigo Feliciano López.

"Muchas cosas han cambiado. Pero como he hecho cada año, trataré de llegar en mi mejor forma. El año pasado fue imposible. Voy a tratar de adaptarme a la hierba lo más rápido posible".

La perspectiva de ver de nuevo a Nadal y Federer cara a cara en una final de Grand Slam hace la boca agua, más aún porque últimamente se ha pulsado el botón de pausa en su rivalidad.

Su enfrentamiento en la final de Madrid fue su primer partido en un año y tan sólo el tercero desde la victoria en cinco sets del español en una pista central de Wimbledon donde casi había caído la noche en 2008.

La deseada final en Roland Garros no pudo repetirse cuando Federer, que suma 16 Grand Slam en su palmarés, perdió ante Soderling en los cuartos de final, la primera vez en los últimos 24 "grandes" que el suizo no alcanzaba las semifinales.

El año de Federer ha estado salpicado de derrotas desde que se impuso en el Abierto de Australia, y aquellos que buscan señales de un declive encontraron más alicientes cuando cayó ante Lleyton Hewitt en la final de Halle el pasado domingo.

El jugador de 28 años continúa siendo optimista a pesar de algunas derrotas impropias de un tenista como él contra jugadores que en el pasado tuvo en el bolsillo.

Federer es consciente de su posición en la historia del tenis y de que un título de Wimbledon más supondría igualar el récord de la edad moderna, conseguido por el estadounidense Pete Sampras.

LA CRUZADA DE MURRAY

Mientras que una cuarta final entre Nadal y Federer sería muy bien recibida por los aficionados neutrales, Murray representará una vez más la esperanza de los británicos cuando comience su cruzada anual para tratar otra vez de poner fin al hecho de que Fred Perry ha sido el último británico que consiguió ganar Wimbledon, en 1936.

Desde que perdió ante Federer en el Abierto de Australia, el número cuatro del mundo no ha estado a la altura.

Murray, de 23 años, que fue eliminado el año pasado en semifinales por Roddick, ha sido alabado por todos como un ganador de Grand Slam en potencia, pero hasta el momento no lo ha conseguido.

"Mi tenis está ahí. Simplemente necesito encontrarlo a tiempo para Wimbledon", declaró Murray, que disputó el primer partido de noche con la instalación del nuevo techo en la pista central el año pasado.

"Ahí es donde es más importante para mí jugar bien".

Roddick, que perdió en un quinto set de 30 juegos ante Federer en la final del año pasado, tiene muchos seguidores en Londres y sumará a la fiesta su fuerte arsenal y, principalmente, su servicio.