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Narcofútbol y otros delitos de pelotas

Su caso es el penúltimo de una larga lista de gente del fútbol español que cambió las tarjetas amarillas por las denuncias en los juzgado

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Los pitufos son unos seres diminutos de piel azul y barretina blanca que hacen la vida imposible al malvado Gárgamel. Bueno, eso para los niños, porque para la Policía un pitufo es otra cosa. En concreto, el integrante de una red de tráfico de drogas que, a cambio de una comisión, va de banco en banco cambiando grandes cantidades de billetes de reducido valor facial por binladens, es decir, de 500 euros, que son más fáciles de sacar de extranjis del país para blanquearlos. El pitufo ocupa, por tanto, uno de los últimos peldaños del narcoescalafón, muy lejos del Gárgamel que maneja la trama. Ese era el presunto papel del ex futbolista José Luis Pérez Caminero en la red de tráfico de drogas que desmanteló la Guardia Civil el pasado junio. Él no usaba barretina rojiblanca, pero le acusan de cambiar medio millón de euros en siete meses.

Su caso es el penúltimo de una larga lista de gente del fútbol español que cambió las tarjetas amarillas por las denuncias en los juzgados. Ahí está el actual defensa del Rayo Vallecano, Carlos de la Vega, al que la Policía detuvo en la operación Ciclón. Su banda, a la que La Policía hace responsable de dos alijos de cocaína que sumaban 945 kilos de droga, era, de hecho, un alarde balompédico: además de él, había un agente FIFA, dos ex futbolistas y un representante de jugadores. Sólo faltaba el utillero.

Pero no sólo con drogas delinquen los futbolistas. Al guineano Sambegou Bangoura, jugador del Cádiz Fútbol Club, lo despidieron en junio del año pasado después de que lo sorprendieran agrediendo en plena calle a su mujer. También dejó su plantilla el jugador del Club Deportivo Teruel Ibrahim Ruiz, al que detuvieron en enero acusado de entrar en un bar para apoderarse de 300 euros cuchillo en mano. Sergio Marrero, ex del Atlético y de la Unión Deportiva Las Palmas, hace tiempo que cambió el banquillo de los estadios por el de los acusados. En una ocasión lo fue por llevarse una máquina tragaperras de un bar.

En otras, por trapichear con droga. A Mikel de Gregorio, del Sestao River, el juez Garzón lo encarceló en octubre de 2007 acusado de ser un asiduo de la kale borroka. El presidente de la Federación Almeriense de Fútbol, Nicolás Uclés, conoció los calabozos después de que se descubriera que sus ordenadores eran una auténtica videoteca de pornografía infantil. Aunque, sin duda, el que mejor ha conocido los juzgados ha sido Jesús Gil. El que fuera presidente del Atlético y alcalde de Marbella convirtió su paso por el consistorio andaluz en una sucesión de escándalos de corrupción que aún colean. De hecho, uno de ellos, la operación Malaya, llevó a prisión a otro colchonero, el ex jugador Tomás Reñones.

Otros no son futbolistas, pero se lo hacen para delinquir mejor. En 2005 la Policía detuvo en Ceuta a los 10 integrantes de un falso equipo de fútbol sala gaditano que, vestidos con chándal de equipo, intentaban pasar 15 kilos de hachís adheridos a sus cuerpos. Los detenidos contaban con entrenador, que en realidad era el jefe de tan peculiar banda, y para no levantar sospechas comentaba delante de los policías de la aduana las jugadas de sus inexistentes partidos. No consiguieron engañar ni al Pitufín.