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Natalia Makarova, un mito de la danza en busca de la armonía

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Es un mito vivo de la danza y está en España. Natalia Makarova, la primera artista rusa exiliada que volvió invitada a bailar a su país natal, busca la "armonía" trabajando duro con la compañía de Ángel Corella para el estreno de "La Bayadera" en el Teatro Real.

"Estoy agradablemente sorprendida, porque esta compañía es un proyecto ambicioso y único. Estoy muy contenta de participar en esta aventura. Créeme, puedo ver que si siguen trabajando con esta devoción, llegarán muy lejos", afirma Makarova en una entrevista con Efe.

Se formó en la escuela Vaganova de Leningrado y en 1970, durante una gira con el Ballet Kirov, solicitó asilo en Gran Bretaña, para unirse en Estados Unidos al American Ballet, compañía para la que coreografió la producción completa de "La Bayadera" en 1980, reconstruyendo, por primera vez desde 1919, el último acto a partir del trabajo de Marius Petipa.

Este ballet es el que ahora trae a España para la compañía de Ángel Corella, con quien se topó en 1994, cuando formaba parte del jurado del VI Concurso Internacional del Ballet de París, donde el español ganó la Medalla de Oro.

"Ángel se descubrió a sí mismo, tarde o temprano habría salido. Probablemente yo lo ayudé al principio, en la competición de París; llamé al director del American Ballet y le dije: ¡tienes que contratarlo; es un bailarín increíble! Luego me dio las gracias. Y mira lo lejos que llegó Ángel", explica.

De España recuerda haber bailado en una gran gala ante la entonces Princesa Sofía -hoy, la Reina-. "Estará siempre en mi memoria, porque al día siguiente volaba para bailar 'Manon' -mi papel favorito- en el Covent Garden de Londres. El avión iba con retraso, yo iba llorando, dejé mis maletas, salté del tren que cogí en el aeropuerto porque iba en otra dirección... Llegué, y fue la mejor función de mi vida", rememora entre risas.

Transmite respeto, admiración y autoridad entre los bailarines del Corella Ballet Castilla y León, a quienes imparte instrucciones mientras ensayan bajo su supervisión en los estudios de La Granja.

"'La Bayadera' es una obra maestra y trato de no tocarla, sólo añado más espiritualidad, significado y transcendencia. No sólo enseño los pasos", comenta Makarova.

"Busco la armonía. Mi escuela es la armonía y es muy agradable trabajar con bailares jóvenes; trabajan todo el día, aprendiendo nuevos pasos, un nuevo ballet... demasiada información, pero ellos no dejan de trabajar cuando dejan el estudio, para poder asimilar todo para el día siguiente", se congratula una mujer con fama de ser muy, muy exigente.

Sobre el momento que vive su arte, responde: "¡Qué momento no es bueno para la danza!". No obstante, cree que en Rusia, cuando hay una apertura y los bailarines pueden viajar y conocer otras compañías -"no como en mis tiempos", recalca- hay "un poco más de materialismo, menos poesía".