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"Necesitamos más médicos dedicados a las enfermedades olvidadas"

Janis K. Lazdins-Held es el responsable de la unidad de investigación de medicamentos contra enfermedades olvidadas de la OMS. Pide más coordinación en este campo

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Desde Ginebra (Suiza), una de las ciudades más salubres del mundo, Janis K. Lazdins-Held (Rottweil, Alemania, 1947) se ocupa de coordinar los esfuerzos de investigación de nuevas medicinas en la Organización Mundial de la Salud (OMS) para luchar contra las llamadas enfermedades olvidadas. Lazdins-Held, de nacionalidad venezolana pese a su nombre –es hijo de emigrantes letones–, participó el pasado fin de semana en Zaragoza en el IV Congreso Nacional de Periodismo Sanitario, organizado por la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), donde aseguró que una mayor coordinación de esfuerzos para garantizar el acceso a agua potable en países en vías de desarrollo es la forma de luchar contra las patologías más ignoradas.

¿Cuáles son ahora las prioridades de la OMS en la lucha contra las enfermedades tropicales?

El énfasis se centra sobre las tres enfermedades más importantes que afectan a los países en vías de desarrollo: el sida, la tuberculosis y la malaria. No obstante, este año se ha lanzado un programa para controlar las enfermedades olvidadas, como las parasitosis intestinales, las tripanosomiasis o la filariosis, entre otras; es decir, las patologías causadas por los parásitos, la insalubridad y la falta de acceso a agua potable.

¿Es tan complicado habilitar el acceso a agua potable para evitarlas?

El problema está en que la gestión del agua generalmente no es parte de la gestión de la salud , y no hay mucha coordinación. La mayoría de estas enfermedades se trata a través de ayudas internacionales, y entre los países donantes, muchas veces no hay demasiada coordinación para dar las ayudas.

¿No están demasiado centradas las ayudas en algunas enfermedades, olvidando otras más sencillas de solucionar?

Por eso hablamos de enfermedades olvidadas. Hoy por hoy se da una polarización hacia el sida, la tuberculosis y la malaria, y las otras siguen olvidadas. Esto no sólo ocurre a nivel financiero, ya que los profesionales de la salud se van a trabajar donde hay posibilidades de remuneración y de conseguir impacto. Cada vez es mas difícil encontrar un médico que trabaje en filariasis, oncocercosis , esquistosomiasis o tripanosomiasis africana .

¿Se está dando entonces una fuga de médicos hacia las enfermedades con más financiación?

Ya tenemos pocos médicos, y esta polarización hacia las grandes enfermedades no ayuda. Hacen falta más médicos que se dediquen a estas enfermedades, tanto en el Norte como en Sur, porque se está creando un desequilibrio.

¿No es inconcebible que, a estas alturas, la diarrea mate a 2,2 millones de personas al año en el mundo, en su mayoría niños?

Claro que no es aceptable. Sin embargo, hay que ser optimistas. Al contrario que en otras enfermedades donde no tenemos medicinas y vacunas, en este caso las soluciones son sumamente simples y baratas: sales de rehidratación, agua potable y poco más. Pero no es sólo tener el remedio, sino solucionar el problema de falta de infraestructuras y profesionales de salud que se ocupen de que en estos países el agua sana llegue a la población.

¿Cuál es el principal obstáculo, en este caso?

Desde una perspectiva personal creo que muchos de los problemas surgen en relación con quién establece la agenda de las acciones contra estas enfermedades. Sin tratar de minusvalorar lo que se está haciendo, cada uno desde su perspectiva de organización decide qué es lo que va a hacer, y muchas veces estas decisiones son tomadas al margen del sistema de salud de los países. Es aquí donde una organización como la OMS juega un papel fundamental. Las contribuciones internacionales son cantidades enormes, pero muchas veces el problema es que no hay coordinación. Es dinero que a menudo duplica esfuerzos para las mismas prioridades mientras otras no se atienden.

¿El mundo rico no escucha lo que los países en desarrollo necesitan?

En algunos casos esto es así, pero también es cierto que los países en vías de desarrollo muchas veces no tienen capacidad de pronunciar su voz ni acceso a los foros de discusión, y entonces no se puede establecer un diálogo.

¿Corre riesgo la OMS de quedarse sin fondos debido a la crisis?

Los fondos dependen de las contribuciones regulares de los países, y esas no creo que cambien. Sí pueden resentirse tal vez las contribuciones especiales, que muchas veces son mayores que las regulares, pero vamos a ver qué pasa. En cuanto a la ayuda filantrópica, no creo que la crisis le afecte.