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"Algunos se negaban a servirme comida"

  

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'España era el país más cercano y salí corriendo de Marruecos sin mirar atrás'. Naffim, de 29 años, llegó en abril de 2008 tras haber sufrido humillaciones durante varios años por ser homosexual. 'Me gritaban maricón y me llegaron a golpear con bates de béisbol', recuerda. De aquellas experiencias guarda tres cicatrices en la cabeza, pero sus peores recuerdos se remontan a las violaciones que sufrió por parte de un miembro de su familia adoptiva cuando tenía entre cinco y diez años.

'No tengo familia directa en Marruecos y, teniendo en cuenta mi homosexualidad y las persecuciones que viví, no me quedan muchas ganas de volver', asegura. 'Nunca me he sentido a gusto en Marruecos. Ojalá hubiese nacido en otro país', sentencia.

En 2006, corrió la voz de su condición y al llegar el Ramadán 'algunos camareros se negaban a servirme comida en los restaurantes. Por la calle había gente que me escupía por no ser lo que ellos entienden por un buen musulmán'.

La llegada de Naffim a Madrid cambió su vida y un mes después conoció a su actual novio, español. 'Es una tranquilidad poder andar cogidos de la mano sin sentir el rechazo', reflexiona ahora. Durante meses ha recibido tratamiento psicológico en un centro de acogida de refugiados y en otro de Cruz Roja, y valora los derechos y oportunidades de los que goza en España: 'Desde verano trabajo para una compañía de envío de remesas a América y puedo hacer lo que quiera con mi vida. El mundo árabe tiene que aprender y despertar de una vez'.